Gaza, la amarga verdad

Gaza, la amarga verdad

10.1.2009 | Estrella de la Segunda Independencia

Matanza en el Medio Oriente

La Estrella de la Segunda Independencia

nº11, chi­le, enero 2009

Gaza está sien­do some­ti­da a una bru­tal masa­cre. Sus habi­tan­tes son ata­ca­dos por aire, mar y tie­rra. Los méto­dos de los agre­so­res repug­nan a la con­cien­cia huma­na. Su jus­ti­fi­ca­ción de la matan­za está basa­da en men­ti­ras. La reac­ción de los gobier­nos es una mez­cla ver­gon­zo­sa de impo­ten­cia, indi­fe­ren­cia y complicidad.

Pero eso no es lo más gra­ve. La matan­za de Gaza de hoy es sólo un esla­bón más de una cade­na de crí­me­nes infli­gi­dos a los más débi­les e inde­fen­sos en el cur­so de una gue­rra que ya lle­va más de 50 años. En el pasa­do, hechos simi­la­res han reme­ci­do la con­cien­cia mun­dial. Pero la máqui­na de la muer­te no se detiene.

Las per­so­nas comu­nes se pre­gun­tan ¿cómo es posi­ble seme­jan­te inhu­ma­ni­dad? ¿ Cuáles son sus cau­sas? ¿Es posi­ble detenerla?

la his­to­ria

Es nece­sa­rio cono­cer la his­to­ria. La matan­za de Gaza no comen­zó con los cohe­tes de Hamas, como sos­tie­ne el gobierno israe­lí. El ori­gen de esta gue­rra per­ma­nen­te está en el domi­nio impe­ria­lis­ta sobre esa región y, sobre esa base, en el esta­ble­ci­mien­to del Estado israe­lí, tras el fin de la II Guerra Mundial, de orien­ta­ción mili­ta­ris­ta, ultra-nacionalista, racis­ta y depen­dien­te del impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­den­se. La ideo­lo­gía sio­nis­ta, que pro­pi­ció el tras­la­do de los judíos euro­peos hacia Medio Oriente y la crea­ción de un Estado pro­pio –“una tie­rra sin pue­blo para un pue­blo sin tie­rra”- está ideo­ló­gi­ca­men­te empa­ren­ta­da a las mis­mas nocio­nes de “supe­rio­ri­dad racial” que sir­vie­ron como pre­tex­to para el holo­caus­to de los judíos. No es casua­li­dad que la agre­sión israe­lí a Gaza se parez­ca a las tác­ti­cas de las SS y no a la de los insu­rrec­tos judíos del ghet­to de Varsovia en 1944. Al con­tra­rio, Gaza es hoy un ghet­to, y sus habi­tan­tes han sido lan­za­dos, iner­mes, a una lucha por la vida o la muerte.

El lado ára­be en esta gue­rra per­ma­nen­te ha bus­ca­do eli­mi­nar, pri­me­ro, y limi­tar, des­pués, al Estado israe­lí. Hizo tres gran­des gue­rras. Con Egipto a la cabe­za, las nacio­nes cir­cun­dan­tes, en 1948, 1967 y 1973, se lan­za­ron con­tra los sio­nis­tas. Fueron derro­ta­dos. Las víc­ti­mas de esos reve­ses mili­ta­res fue­ron los habi­tan­tes de las zonas suce­si­va­men­te ane­xa­das y ocu­pa­das por los sio­nis­tas, los pales­ti­nos, expul­sa­dos de sus tie­rras y dis­gre­ga­dos en una diás­po­ra de cam­pos de refu­gia­dos en los paí­ses veci­nos y en la ribe­ra occi­den­tal del Jordán y en la fran­ja de Gaza. Eventualmente, los con­ten­dien­tes de esas gue­rras cerra­ron un tra­to con los sio­nis­tas. Así, trai­cio­na­ron la posi­bi­li­dad real de los pales­ti­nos de retor­nar a sus tie­rras y crear una nación pro­pia. Mantienen sus pro­pios regí­me­nes agi­tan­do el espec­tro sio­nis­ta. El sis­te­ma israe­lí, por su par­te, sucum­bi­ría sin la “ame­na­za exter­na”. Una sim­bio­sis entre criminales.

La repre­sen­ta­ción polí­ti­ca pales­ti­na, crea­da a fines de los años sesen­ta, la OLP, inten­tó for­zar, polí­ti­ca­men­te y con accio­nes arma­das, nego­cia­cio­nes con Israel, para esta­ble­cer un Estado pro­pio en par­te de los terri­to­rios ocu­pa­dos por Israel. Un Estado que nece­sa­ria­men­te esta­ría subor­di­na­do a Israel. Este camino tam­bién fracasó.

Al con­tra­rio, fue un levan­ta­mien­to popu­lar, la Primera Intifada, y no las accio­nes de la OLP, el que des­en­ca­de­nó el pro­ce­so de nego­cia­cio­nes a ini­cios de los ‘90. A cam­bio de fre­nar la rebe­lión, la OLP reci­bió una espe­cie de auto­go­bierno colo­nial, la Autoridad Nacional Palestina. Pero su auto­ri­dad real es nula. Lo que los sio­nis­tas cedie­ron, lo qui­ta­ron cuan­do lo esti­ma­ron conveniente.

Dependiente de la ayu­da exter­na, con­di­cio­na­da y mez­qui­na, some­ti­dos a las ame­na­zas y los ata­ques israe­líes, la posi­bi­li­dad de una vida nacio­nal pro­pia de los pales­ti­nos ha sido con­ver­ti­da en una cari­ca­tu­ra cruel.

amar­ga verdad

Hoy, el pue­blo pales­tino vive el momen­to de mayor debi­li­ta­mien­to des­de 1947.

Divididos inter­na­men­te, aban­do­na­dos por los gobier­nos de los paí­ses ára­bes, some­ti­dos a un régi­men de gue­rra per­ma­nen­te, y caren­tes de una pers­pec­ti­va para ter­mi­nar con la opre­sión de la que son obje­to, los pales­ti­nos des­cu­bren que no han sido más que los peo­nes en un jue­go de aje­drez, en que otros han usa­do su des­gra­cia para su beneficio.

Es, aca­so, el momen­to de la amar­ga ver­dad. Hoy está cla­ro. La solu­ción no está en el esta­ble­ci­mien­to de un Estado tri­bu­ta­rio de Israel, en zonas frag­men­ta­das de Cisjordania y en la fran­ja de Gaza. Ello sólo pro­lon­ga­ría la situa­ción actual, aca­so inte­rrum­pi­da por un perío­do de “cal­ma”, que sería roto, sin avi­so y bru­tal­men­te, por el capri­cho beli­cis­ta de Israel.

solu­ción revolucionaria

¿Existe, enton­ces una solu­ción? Carlos Marx, al estu­diar en 1847 “la cues­tión judía”, la posi­ción insos­te­ni­ble y apa­ren­te­men­te inso­lu­ble de los judíos en Europa, sos­tu­vo que su libe­ra­ción sólo podía lograr­se median­te la libe­ra­ción de humanidad.

Algo aná­lo­go ocu­rre con el pue­blo pales­tino hoy. Privado de terri­to­rio, de dere­chos ele­men­ta­les y de una pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca, su libe­ra­ción no pue­de que­dar res­trin­gi­da a la peque­ña por­ción de tie­rra entre el Jordán y el Mediterráneo, tan­tas veces rega­da con sangre.

Exige una solu­ción revo­lu­cio­na­ria. Exige una solu­ción que abar­que al con­jun­to de la región y a todos sus pue­blos, inclu­yen­do a los judíos de Medio Oriente.

Los regí­me­nes que domi­nan los paí­ses ára­bes y que fomen­tan la man­ten­ción del sio­nis­mo en Israel deben ser derro­ca­dos; son las ban­das corrup­tas que domi­nan Damasco, El Cairo, Amman y Tel Aviv, las que deben ser “lan­za­das al mar”. El impe­ria­lis­mo, que pro­fi­ta del sufri­mien­to y del terror, debe ser derrotado.

Depende de todos noso­tros ini­ciar esta lucha, que no es una tarea sólo de los tra­ba­ja­do­res en Gaza, Belén, Puerto Said o Haifa. Es una tarea que debe­mos comen­zar hoy, en nues­tras patrias, pues es nues­tra pro­pia lucha. Mientras mayor sea nues­tra uni­dad, más fuer­te nues­tra orga­ni­za­ción, más cla­ra nues­tra con­cien­cia, más obs­tácu­los enfren­ta­rán los opre­so­res y los ver­du­gos en cual­quier par­te del mundo.

Ese es el úni­co camino posi­ble y rea­lis­ta. Habrá quie­nes lo cali­fi­quen de utó­pi­co o impo­si­ble. Sin embar­go, los que se nie­guen asu­mir este camino debe­rán car­gar su par­te de res­pon­sa­bi­li­dad de las muer­tes, la des­truc­ción y la bar­ba­rie que sólo se deten­drán por la acción de los trabajadores.

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La Estrella de la Segunda Independencia Nº11

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10.1.2009
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