Terremoto en Chile

Terremoto en Chile

25.2.2011 | Estrella de la Segunda Independencia

La hora de la uni­dad y la dignidad

nº21, chi­le, febre­ro 2011

La tie­rra sigue tem­blan­do. Para quie­nes sufrie­ron el terre­mo­to del 27 de febre­ro de 2010, las répli­cas ya son casi cos­tum­bre. La vida tie­ne que seguir, como sea. Con la inquie­tud, con las preo­cu­pa­cio­nes, con los pro­ble­mas, pero tie­ne que seguir ade­lan­te. Hoy, este espí­ri­tu de nues­tro pue­blo con­tras­ta con la acti­tud de nues­tros gober­nan­tes y de los pode­res eco­nó­mi­cos que los sos­tie­nen. Éstos no pare­cen hallar terreno fir­me en nin­gún lado.

En las horas pos­te­rio­res a la catás­tro­fe, el Estado pare­ció ser el más gol­pea­do por sis­mo. Los meca­nis­mos que debían dar pro­tec­ción a la pobla­ción fue­ron des­aten­di­dos, los res­pon­sa­bles de diri­gir la ayu­da inme­dia­ta a los afec­ta­dos olvi­da­ron su deber.

Mientras algu­nos, como los jefes de la Armada, no deja­ron sus lujo­sas casas, sus man­dos subor­di­na­dos aban­do­na­ron sus pues­tos para poner­se a sal­vo ellos. No les impor­tó la suer­te de los demás.

derrum­be del estado

En gene­ral, que­dó demos­tra­do que en las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas había pla­ta para viá­ti­cos y autos ofi­cia­les, para fies­tas y cere­mo­nias, pero no para sis­mó­gra­fos, no para comu­ni­ca­cio­nes de emer­gen­cia, no para medios de res­ca­te, no para hos­pi­ta­les de cam­pa­ña, no para la movi­li­za­ción de todos los recur­sos del Estado.

Quedó demos­tra­do que gran par­te de esos medios habían sido… pri­va­ti­za­dos. Empresas extran­je­ras mane­jan el ámbi­to de las tele­co­mu­ni­ca­cio­nes, de la infra­es­truc­tu­ra vial, de los ser­vi­cios bási­cos –elec­tri­ci­dad y agua. No es casua­li­dad, enton­ces, que fue­ran orga­nis­mos pri­va­dos los que final­men­te empe­za­ran a actuar. Un ani­ma­dor de tele­vi­sión con­vo­có a la soli­da­ri­dad de los chi­le­nos, una enti­dad de la Iglesia Católica ins­ta­ló las media­guas para los dam­ni­fi­ca­dos, los super­mer­ca­dos dis­tri­buían los ali­men­tos y las gran­des cade­nas comer­cia­les pro­por­cio­na­ban los cla­vos, los lis­to­nes y las plan­chas de zinc.

A pesar de las evo­ca­cio­nes a la cari­dad, al espí­ri­tu de entre­ga de los chi­le­nos, y de ges­tos pura­men­te sim­bó­li­cos, todo eso lo hacían… a cam­bio de dine­ro y a pre­cios “de mercado”.

Los segu­ros paga­ron la mer­ca­de­ría que fue saquea­da. Los refri­ge­ra­do­res que fue­ron devuel­tos jun­ta­ron pol­vo en la can­cha del gim­na­sio “La Tortuga”. Los super­mer­ca­dos no los que­rían. Ya habían sido retribuidos.

Quienes se dicen diri­gen­tes de la nación deja­ron la recons­truc­ción a las “libres fuer­zas del mer­ca­do”. En reali­dad, se la die­ron a los ver­da­de­ros due­ños del país, que bus­ca­ron su taja­da en la tra­ge­dia. A Estados Unidos, por ejem­plo, le tocó ven­der un sofis­ti­ca­do y carí­si­mo puen­te, aun­que des­pués se dijo que valía… “callam­pa”. A los tibu­ro­nes inmo­bi­lia­rios les entre­ga­ron el bor­de cos­te­ro, con­ve­nien­te­men­te rede­fi­ni­do. A las eléc­tri­cas, se les garan­ti­zó más cen­tra­les. Las fábri­cas y empre­sas des­pi­die­ron per­so­nal debi­do “a los daños”, pero pron­to esta­ban pro­du­cien­do de nue­vo, con menos tra­ba­ja­do­res y suel­dos más bajos.

Al final, todo fue apro­pia­da­men­te “lici­ta­do”, todo fue com­pen­sa­do, todos gana­ron. Para el capi­tal, el terre­mo­to es puro beneficio.

las lec­cio­nes de la catástrofe

Lo que no se ha com­pen­sa­do es el dolor, la inse­gu­ri­dad, las pér­di­das de las pose­sio­nes mate­ria­les levan­ta­das en una vida de esfuer­zo, y la pér­di­da defi­ni­ti­va de con­fian­za en las pro­me­sas de los pode­ro­sos. En vez de casas, hay dece­nas de miles pape­les fir­ma­dos y tim­bra­dos. En vez de solu­cio­nes, una auto­ri­dad “inven­ta una historia”.

Este es el ros­tro de la recons­truc­ción. El apro­ve­cha­mien­to, la men­ti­ra; las ganan­cias por enci­ma del hombre.

No apren­die­ron nada.

La catás­tro­fe dejó en muchos com­pa­trio­tas una expe­rien­cia inde­le­ble. Y nos dejó a todos una lec­ción: el hom­bre está pri­me­ro. Su vida está pri­me­ro. Su dig­ni­dad está primero.

En esos minu­tos que tem­bla­ba, para todos lo más impor­tan­te fue­ron sus hijos, sus padres, la fami­lia. Lo prin­ci­pal fue, a pesar del mie­do, la preo­cu­pa­ción por el otro. Aquello, lo bási­co, que nos hace hom­bres, y no animales.

Ese es el ori­gen de la dig­ni­dad, lo que orien­tó las accio­nes pos­te­rio­res al terre­mo­to. A pesar de años y años en los que se pro­cu­ró la des­truc­ción y la frag­men­ta­ción de las orga­ni­za­cio­nes socia­les, vol­vie­ron a sur­gir los líde­res autén­ti­cos, hones­tos, en el seno del pue­blo. A pesar del temor que cau­sa­ban la noche y los rumo­res, se adop­ta­ron medi­das colec­ti­vas para pro­por­cio­nar segu­ri­dad y tran­qui­li­dad, las guar­dias veci­na­les. A pesar de que era la opor­tu­ni­dad para el apro­ve­cha­mien­to y la rapi­ña, reapa­re­cie­ron las ollas comu­nes. A pesar de la des­truc­ción, se crea­ron casas de la uni­dad y cen­tros de reu­nión. A pesar del aba­ti­mien­to y la des­es­pe­ran­za, muje­res y hom­bres sen­ci­llos, tra­ba­ja­do­res, levan­ta­ron la ban­de­ra de las rui­nas y del barro. Levantaron la patria nuevamente.

¡Esta, seño­res, es la lec­ción que uste­des no han que­ri­do asi­mi­lar! Por eso, por­que no han que­ri­do enten­der esto, vues­tro régi­men tam­ba­lea como un edi­fi­cio agrie­ta­do. Por eso, por­que basan su domi­nio en el lucro, en el robo, en man­te­ner con­di­cio­nes socia­les injus­tas, en con­ser­var su poder, en la medio­cri­dad, debe­rán vér­se­las aho­ra con un pue­blo que sí ha apren­di­do la lec­ción. La lec­ción de uni­dad y dignidad.

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La Estrella de la Segunda Independencia Nº21

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25.2.2011
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