Por una nueva educación. ¡A cambiarlo todo!

Por una nueva educación. ¡A cambiarlo todo!

13.6.2011 | Estrella de la Segunda Independencia

Por una nue­va educación.

¡A cam­biar­lo todo!

La Estrella de la Segunda Independencia

nº26, chi­le, junio 2011

Los estu­dian­tes vuel­ven a tomar la ini­cia­ti­va. Mientras los gober­nan­tes vaca­cio­nan y se encie­rran en sus dispu­tas, los niños y jóve­nes asu­men la tarea patrió­ti­ca de cues­tio­nar el rum­bo que toma nues­tro país. Desde hace tiem­po, se va ges­tan­do en el pue­blo la crea­ción de una nue­va polí­ti­ca, la for­ma­ción de nue­vos líde­res, la con­cep­ción de nue­vos obje­ti­vos nacio­na­les. La lucha de los estu­dian­tes, por su inme­dia­tez e incon­di­cio­na­li­dad, sig­ni­fi­ca un fuer­te impul­so en ese proceso.

Muchos recuer­dan las jor­na­das del 2006. Pero hay fac­to­res nue­vos. Hoy las movi­li­za­cio­nes están acom­pa­ña­das de una nota­ble agi­ta­ción en las uni­ver­si­da­des, prin­ci­pal­men­te en defen­sa de las uni­ver­si­da­des tra­di­cio­na­les fren­te al vacia­mien­to finan­cie­ro a las que están some­ti­das. Por ese moti­vo, han reci­bi­do el apo­yo de las auto­ri­da­des de esas ins­ti­tu­cio­nes, que deman­dan com­pe­tir en mejo­res con­di­cio­nes con los plan­te­les privados.

dos acti­tu­des

Hay un con­tras­te aquí que es impor­tan­te resal­tar. No es casua­li­dad de que nue­va­men­te los estu­dian­tes más jóve­nes se pon­gan a la cabe­za de las luchas. Ello no se debe a su mejor orga­ni­za­ción: las fede­ra­cio­nes uni­ver­si­ta­rias poseen más recur­sos y posi­bi­li­da­des que las asam­bleas de liceos indi­vi­dua­les. La razón está en la natu­ra­le­za de las deman­das de los secun­da­rios. Necesariamente apun­tan a obje­ti­vos que bene­fi­cia­rán a gene­ra­cio­nes pos­te­rio­res y no per­so­nal­men­te a aque­llos que luchan por ellas. En los plan­tea­mien­tos de la diri­gen­cia de las fede­ra­cio­nes uni­ver­si­ta­rias, en cam­bio, aún se con­ser­va mucho de la vie­ja polí­ti­ca. Priman la acti­tud defen­si­va, la idea de que se pue­den nego­ciar refor­mas y la bús­que­da de solu­cio­nes de cor­to pla­zo. Objetivamente, la exi­gen­cia de esta­ti­zar la edu­ca­ción muni­ci­pa­li­za­da se dife­ren­cia cua­li­ta­ti­va­men­te del recla­mo, legí­ti­mo, de aumen­tar el pre­su­pues­to. En ese sim­ple hecho radi­ca la cla­ri­dad, la uni­ver­sa­li­dad, de las rei­vin­di­ca­cio­nes y la orien­ta­ción prác­ti­ca hacia la uni­dad que expo­nen los secundarios.

Esta dis­tin­ción tie­ne impor­tan­cia si que­re­mos com­pren­der el sen­ti­do de la lucha por la educación.

Se ha hecho cos­tum­bre decir que la edu­ca­ción en Chile “está mal”. Pero eso no es así. Funciona per­fec­ta­men­te bien… para el sis­te­ma. Es un nego­cio gigan­tes­co y en cre­ci­mien­to, que brin­da “intere­san­tes opor­tu­ni­da­des” a sus due­ños ‑gru­pos reli­gio­sos, polí­ti­cos, empre­sa­rios, cor­po­ra­cio­nes extran­je­ras. Sus metas y resul­ta­dos corres­pon­den al país que actual­men­te somos: depen­dien­te, super­ex­plo­ta­do, domi­na­do; en suma, sin futuro.

la edu­ca­ción es un negocio

La edu­ca­ción aquí refle­ja, aca­so más que en cual­quier otra nación, el modo de fun­cio­na­mien­to del capi­ta­lis­mo: en lo inme­dia­to, la bús­que­da cal­cu­la­da y sis­te­má­ti­ca de ganan­cias, el lucro; y efec­tos irra­cio­na­les, anár­qui­cos y catas­tró­fi­cos en el lar­go plazo.

Cuando man­da la ganan­cia, todo lo demás des­apa­re­ce. Por eso, la tota­li­dad de los cole­gios de Chile hoy ope­ran como empre­sas que bus­can sumar “cabe­zas”, alum­nos que asis­tan a cla­ses, a cam­bio de la sub­ven­ción paga­da por el Estado. En eso no hay dife­ren­cia entre los esta­ble­ci­mien­tos muni­ci­pa­li­za­dos y los par­ti­cu­la­res sub­ven­cio­na­dos. Finalmente, una peque­ña por­ción de cole­gios pri­va­dos obtie­ne sus ingre­sos cobran­do direc­ta­men­te a los padres.

En Chile, enton­ces, la edu­ca­ción es un nego­cio. ¿Qué es lo que lo mue­ve? ¿Cómo se “crea el mer­ca­do”? La res­pues­ta es sim­ple: a tra­vés de la últi­ma pro­me­sa que aún pue­de hacer este sis­te­ma… apar­te de la ilu­sión de ganar­se la lote­ría. Se tra­ta de la noción de que edu­cán­do­nos, ase­gu­ran­do la mejor edu­ca­ción a nues­tros hijos, se podrá aspi­rar a algo mejor. Pero en este sis­te­ma, eso sig­ni­fi­ca la capa­ci­dad de pagar las cuen­tas, de obte­ner un empleo… La edu­ca­ción se con­vier­te así en un cálcu­lo de “ren­ta­bi­li­dad per­so­nal”. Antes, lle­gar a la uni­ver­si­dad era un logro; sus “car­to­nes” pare­cían pro­me­ter una situa­ción mejor a sus titu­la­res. Antes, un liceo indus­trial pre­sa­gia­ba la posi­bi­li­dad de encon­trar un tra­ba­jo cali­fi­ca­do. Hoy, todo eso es una eta­pa más en una carre­ra que no pare­ce tener fin. En el pre­sen­te, las fami­lias de muchos uni­ver­si­ta­rios pasan ham­bre y penu­rias, sólo para enfren­tar­se, en el futu­ro, a las deu­das y la cesan­tía del fla­man­te pro­fe­sio­nal. En las maña­nas, muchos jóve­nes se des­lo­man en el tra­ba­jo para poder pagar el pri­vi­le­gio de, por las noches, seguir molién­do­se en un ins­ti­tu­to. Y todo para, des­pués seguir sacri­fi­cán­do­se, pero con una “cali­fi­ca­ción”. El pun­to es que aque­lla gran pro­me­sa, la últi­ma pro­me­sa, no se cum­ple. La “ren­ta­bi­li­dad per­so­nal” es igual a la del capi­tal: no es un efec­to de la “libre com­pe­ten­cia”, sino del saqueo, los mono­po­lios y la explotación.

Curiosamente, en otros paí­ses el capi­ta­lis­mo común­men­te no le ha dado ese papel de nego­cio a la moder­na edu­ca­ción de masas. Le asig­na una fun­ción. Invierte recur­sos, muchos o pocos, según el caso, no para que se refle­jen en el arqueo men­sual o los balan­ces anua­les, como ocu­rre actual­men­te en Chile, sino para obte­ner resul­ta­dos que se veri­fi­ca­rán déca­das des­pués, como el alfa­be­tis­mo, des­tre­zas téc­ni­cas, el domi­nio de idio­mas, etc., todos fac­to­res que con­lle­van al cre­ci­mien­to de las fuer­zas pro­duc­ti­vas. El esta­ble­ci­mien­to de una pro­yec­ción a lar­go pla­zo es, en gene­ral, el sen­ti­do de toda edu­ca­ción. Con la crea­ción del Instituto Nacional en 1813, José Miguel Carrera no bus­ca­ba crear un “esta­ble­ci­mien­to de exce­len­cia”, no que­ría ganar pla­ta, sino “dar a la patria ciu­da­da­nos que la defien­dan, la diri­jan, la hagan flo­re­cer y le den honor.”

la nue­va educación

La con­clu­sión es cla­ra. Los paí­ses que desean tener algún futu­ro se pro­po­nen metas uni­ver­sa­les. Los que quie­ren hun­dir­se, pos­tu­lan el enga­ño gene­ra­li­za­do y la ganan­cia de unos pocos a cos­ta de la mayoría.

La pre­gun­ta hoy debe ser, enton­ces, cuá­les son nues­tros obje­ti­vos. Nuestra meta es que la dig­ni­dad, el tra­ba­jo, la crea­ción de nues­tro pue­blo ilu­mi­nen el mun­do ente­ro, que ayu­den a encon­trar el camino para que la huma­ni­dad ente­ra se libe­re de toda opre­sión, de todo oscu­ran­tis­mo, y cada hom­bre, cada mujer, cada niño, pue­da desa­rro­llar ple­na­men­te sus facul­ta­des y ser feliz.

¿Qué edu­ca­ción se requie­re para este objetivo?

Los meca­nis­mos no son nue­vos. Se nece­si­ta de una edu­ca­ción uni­ver­sal, gra­tui­ta, abier­ta a todos. Se nece­si­ta de una edu­ca­ción que pro­mue­va la libe­ra­ción y el desa­rro­llo de la patria. Se nece­si­ta de una edu­ca­ción, una for­ma­ción, que per­mi­ta el des­en­vol­vi­mien­to inte­gral de los intere­ses pro­duc­ti­vos, socia­les, cul­tu­ra­les y espi­ri­tua­les del hombre.

La movi­li­za­ción de los estu­dian­tes es par­te de la nacien­te lucha del pue­blo que ya está hacien­do la tarea mayor de la edu­ca­ción del futu­ro. La edu­ca­ción de la soli­da­ri­dad. La edu­ca­ción de la cons­tan­cia. La edu­ca­ción de la liber­tad. La edu­ca­ción de la valen­tía. La edu­ca­ción de la inte­li­gen­cia. La edu­ca­ción del desin­te­rés. La edu­ca­ción del esfuer­zo. La edu­ca­ción de la belle­za. La edu­ca­ción de la dignidad.

El enun­cia­do es cono­ci­do, sus bases son ele­men­ta­les y sim­ples. Y, hoy, sólo sir­ve para poner de relie­ve lo cadu­co del régi­men, lo corroí­do de este sis­te­ma, que nun­ca podría acce­der a cam­biar la edu­ca­ción de acuer­do al recla­mo que hoy resue­na en las calles. No es capaz ya de refor­mar­se. Moribundo, nin­gún reme­dio lo pue­de sal­var. Lo vie­jo debe morir para que alum­bre lo nue­vo. Hay que cam­biar­lo todo.

Por el sacri­fi­cio de nues­tros padres,

Por el futu­ro de nues­tros hijos.

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La Estrella de la Segunda Independencia Nº26

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13.6.2011
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