O con el pueblo o contra él

O con el pueblo o contra él

12.4.2013 | Estrella de la Segunda Independencia, Partido de los Trabajadores

Las nece­sa­rias defi­ni­cio­nes políticas

La Estrella de la Segunda Independencia

nº39, chi­le, abril de 2013

El Día de los Inocentes, el 28 de Diciembre ‑o en otros paí­ses, el 1 de Abril- es la fecha en que la gen­te deci­de creer, por un rato, todo lo que le dicen. Así, por ejem­plo, Messi juga­rá en la pró­xi­ma tem­po­ra­da en Colo Colo o los cara­bi­ne­ros comen­za­rán a pagar en las micros.

Ocurre, sin embar­go, que aquí los polí­ti­cos quie­ren que todos los días sea el de los Inocentes. “Ahora sí que sí”, pare­ce ser su con­sig­na en este 2013 elec­to­ral. “Ahora sí vamos hacer lo que antes dese­cha­mos, aho­ra sí vamos cam­biar, aho­ra sí podrán con­fiar en nosotros.”

El pro­ble­ma es que no es gra­cio­so. Que pro­me­tan, pero no cum­plan, no es nove­dad; está en la esen­cia de los regí­me­nes bur­gue­ses. Pero su capa­ci­dad para el enga­ño y la volun­tad de dejar­se embau­car se han debi­li­ta­do. Es la cri­sis que sufre este régi­men polí­ti­co. Ya no somos inocentes.

la lucha polí­ti­ca de hoy

Estas son las cir­cuns­tan­cias que mar­can la lucha polí­ti­ca que ha comen­za­do. El régi­men extre­ma las posi­cio­nes. Las elec­cio­nes de 2013 han de ser­vir como un meca­nis­mo para sal­var­lo, para dotar­lo de un apo­yo social y polí­ti­co que ha per­di­do indefectiblemente.

A dife­ren­cia de actos elec­cio­na­rios pasa­dos -“aho­ra sí”- lo impor­tan­te serían la voz y la opi­nión de los ciu­da­da­nos. En un sor­pren­den­te ejer­ci­cio de humil­dad, los can­di­da­tos no plan­tean posi­cio­nes, sino que bus­can “cons­truir­las” escu­chan­do las deman­das socia­les. Los can­di­da­tos pre­si­den­cia­les, nos dicen, son selec­cio­na­dos por su popu­la­ri­dad incon­tes­ta­ble o por pri­ma­rias, y no entre “cua­tro pare­des”, como antaño.

¡Qué desin­te­rés! ¡Qué espí­ri­tu cívi­co! Piden que, como en las bro­mas del Día de los Inocentes, deje­mos de lado el sen­ti­do común, que olvi­de­mos sus corrup­te­las, sus men­ti­ras y, sobre todo, a quie­nes real­men­te sir­ven. Es un lla­ma­do de ayu­da para sal­var un edi­fi­cio que se derrum­ba. Uno podría pre­gun­tar­se, ante tan­to pro­ta­go­nis­mo ciu­da­dano, ¿para qué hacen fal­ta los polí­ti­cos si, a fin de cuen­tas, noso­tros debe­mos hacer su trabajo?

La ver­dad es que ocu­rre lo con­tra­rio. La actual cri­sis, lejos de debi­li­tar a los par­ti­dos del sis­te­ma, como se afir­ma, los ha for­ta­le­ci­do. Hablamos, por supues­to, en tér­mi­nos rela­ti­vos: efec­ti­va­men­te, son más peque­ños, han per­di­do los víncu­los vita­les con las demás ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­cas y orga­ni­za­cio­nes socia­les, el apa­ra­to mili­tar, la Iglesia Católica, las aso­cia­cio­nes gre­mia­les, sin­di­ca­tos, etc. Las anti­guas correas de trans­mi­sión hacia la socie­dad se han cor­ta­do. Los inter­me­dia­rios entre las polí­ti­cas de la bur­gue­sía y la pobla­ción han que­da­do aban­do­na­dos. Y es ese hecho el que cons­ti­tu­ye la debi­li­dad gene­ral del régi­men. Pero den­tro de él, el peso de los par­ti­dos es mayor, más com­pac­to, más homo­gé­neo. La razón de ello es sen­ci­lla. Las for­ma­cio­nes polí­ti­cas bur­gue­sas hacen de su inte­rés par­ti­cu­lar –las cuo­tas de poder, es decir, en el gobierno, en el par­la­men­to, en los car­gos en el apa­ra­to de Estado, en el cobro de coimas, etc.- el pro­pó­si­to gene­ral de un régi­men que bata­lla deno­da­da­men­te en con­tra de su implosión.

¿quié­nes apo­yan al régimen?

Es lo que olvi­dan los que hoy quie­ren ocu­par los pues­tos vacan­tes de los inter­me­dia­rios: los “nue­vos ros­tros”, los que quie­ren “lle­var a los movi­mien­tos socia­les hacia la ins­ti­tu­cio­na­li­dad”. Sostienen que hay una bre­cha en que, bajo su guía, se pue­de colar una reno­va­ción polí­ti­ca y social. En los hechos, sin embar­go, se subor­di­nan al núcleo polí­ti­co del régi­men, le sir­ven en su can­sa­do obje­ti­vo de con­ser­var con vida al régimen.

Hay que decir­lo: en el mejor de los casos, son ino­cen­tes. En el peor, nos toman a noso­tros por tales. Por ejem­plo, los que piden el voto en “con­tra del duo­po­lio” y “por el pue­blo” cri­ti­can, como deben, a la Alianza y la Concertación. Bien. Pero ¿por qué hacen caso omi­so de que ellos deben defi­nir­se tam­bién, a más tar­dar en una even­tual segun­da vuel­ta elec­to­ral? ¿No lla­ma­rán enton­ces “a fre­nar al Derecha”? El efec­to final de su acción es lo mis­mo que dicen recha­zar en su pun­to de par­ti­da: for­ta­le­cen al régi­men, le insu­flan legi­ti­mi­dad, alien­tan su “ino­cen­ta­da”. No se pue­de ope­rar simul­tá­nea­men­te “den­tro y fue­ra” del régi­men. No se pue­de estar, al mis­mo tiem­po, con el pue­blo y con­tra él.

Hay que refle­xio­nar sobre ese pun­to. Es el pro­ble­ma de las defi­ni­cio­nes. No son fáci­les de adop­tar, pues aca­rrean consecuencias.

hay que definirse

Nosotros hemos toma­do una defi­ni­ción que con­lle­va todo tipo de con­se­cuen­cias. Nos hemos defi­ni­do como infle­xi­ble­men­te cla­sis­tas. Nos hemos defi­ni­do como revo­lu­cio­na­rios. No pac­ta­mos con la cla­se domi­nan­te nun­ca. No bus­ca­mos sino un cam­bio real.

El régi­men polí­ti­co exis­ten­te care­ce de fuer­zas para man­te­ner­se. Debe ser derri­ba­do. De lo con­tra­rio, los mis­mos que hoy pug­nan por su super­vi­ven­cia con fra­ses demo­crá­ti­cas, no duda­rán, cuan­do sea nece­sa­rio, en dar paso a un régi­men espe­cial, de excep­ción, cuyo obje­ti­vo úni­co sea supri­mir la orga­ni­za­ción popular.

Esa es la defi­ni­ción que exi­ge este momen­to. Concretamente, esto sig­ni­fi­ca hoy negar­le la con­fian­za a quie­nes quie­ren man­te­ner al régi­men en fun­cio­nes. Hay que tener con­fian­za en el pue­blo, no en los ladro­nes. Es un impe­ra­ti­vo moral, pero tam­bién polí­ti­co. Si con­si­de­ra­mos la expe­rien­cia de la cam­pa­ña por la abs­ten­ción acti­va, por la lucha por las deman­das, en la pasa­da elec­ción muni­ci­pal, es lógi­co que cual­quier lucha polí­ti­ca debe apun­tar a las gran­des mayo­rías que se opu­sie­ron a los polí­ti­cos del régi­men. El recha­zo con­cre­to al acto elec­to­ral no es sufi­cien­te, pero es impe­ra­ti­vo denun­ciar y actuar en con­tra de este autén­ti­co car­tel polí­ti­co que pre­ten­de man­te­ner este sis­te­ma de corrup­ción, de robo, de saqueo, de des­ver­güen­za, de igno­ran­cia, de opre­sión. Hay que definirse.

una lucha urgente

Hay tra­ba­jar ya en crear man­co­mu­nión entre todas las orga­ni­za­cio­nes y fuer­zas que com­par­ten la idea de que a estos corrup­tos no hay que dar­les ni un solo voto, ni el más míni­mo apo­yo, ni un minu­to más que pro­lon­gue arti­fi­cial­men­te los refle­jos de este cadá­ver que ya apes­ta. Es nece­sa­rio levan­tar ya el tra­ba­jo para difun­dir, expli­car y ganar, para gol­pear al régi­men, con las luchas por las deman­das, con los méto­dos del poder popu­lar, con la abs­ten­ción acti­va en las elec­cio­nes. Es nece­sa­rio basar­nos en nues­tras pro­pias fuer­zas, en nues­tra pro­pia expe­rien­cia, como las luchas de Freirina, Magallanes, Aysén, de los estu­dian­tes, de los por­tua­rios. Y de tan­tos más que se apres­tan para entrar en la esce­na de una lucha social y polí­ti­ca que reme­ce­rá este país.

Nosotros levan­ta­mos un pro­gra­ma de accio­nes con­cre­tas: esta­ble­cer un gobierno de los tra­ba­ja­do­res; nacio­na­li­zar las indus­trias estra­té­gi­cas del país, sus recur­sos natu­ra­les y al sec­tor finan­cie­ro; ase­gu­rar edu­ca­ción, salud y vivien­da de carác­ter gra­tui­to, igua­li­ta­rio y uni­ver­sal; hay que sus­ti­tuir el apa­ra­to arma­do del Estado por un autén­ti­co ejér­ci­to del pue­blo; y debe­mos poner a Chile a la cabe­za de las gran­des trans­for­ma­cio­nes que deman­da esta épo­ca, la Segunda Independencia de nues­tra América.

Nuestra defi­ni­ción es cla­ra, es con la cla­se tra­ba­ja­do­ra, es con el pue­blo, en con­tra del capi­tal. Y asu­mi­mos sus con­se­cuen­cias sin ino­cen­cia alguna.

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