La historia invisible

La historia invisible

14.5.2014 | Estrella de la Segunda Independencia

Ocurre fren­te a nues­tros ojos. La bar­ba­rie de la gue­rra civil en Ucrania, la masa­cre de dece­nas de per­so­nas en la sede de los sin­di­ca­tos de Odessa, la cruel­dad e inhu­ma­ni­dad de los agre­so­res, las esce­nas ate­rra­do­ras de sufri­mien­to y muer­te, son trans­mi­ti­das de mane­ra ins­tan­tá­nea a los con­fi­nes más leja­nos del mun­do. A pesar de la indi­fe­ren­cia ofi­cial, de las men­ti­ras, no pode­mos evi­tar esas imá­ge­nes. Pero ¿qué real­men­te vemos?

En 1806, las tro­pas fran­ce­sas ocu­pa­ron la ciu­dad ale­ma­na de Jena, enca­be­za­das por Napoleón. En una car­ta, Hegel rela­tó el suce­so y comen­tó que había vis­to “al espí­ri­tu uni­ver­sal mon­ta­do a caba­llo”. Es decir, don­de el obser­va­dor común veía a sol­da­dos y a un hom­bre peque­ño y cor­pu­len­to como jefe, el filó­so­fo cons­ta­tó el paso de un nue­vo prin­ci­pio que, en su opi­nión, englo­ba­ba toda la his­to­ria, ponién­do­le así fin.

la his­to­ra en movimiento

Pero la ver­dad es que, con Napoleón, la his­to­ria no ter­mi­nó. Al empe­reur le segui­rían nue­vos líde­res y poten­ta­dos, nue­vos Estados y regí­me­nes, nue­vas gue­rras y revo­lu­cio­nes. Hace no más de 25 años, sin embar­go, un estu­dio­so de Hegel (y fun­cio­na­rio del Departamento de Estado de EE.UU.) decre­tó ‑aho­ra sí- el “fin de la his­to­ria”. No lo per­so­ni­fi­có en un hom­bre, sino en una cir­cuns­tan­cia par­ti­cu­lar: el poder omní­mo­do del que que­dó inves­ti­do Estados Unidos tras la caí­da del blo­que soviético.

Pero así como Napoleón demos­tró que ‑lejos del espí­ri­tu del mundo- era un ser mor­tal, el pode­río de Estados Unidos y del capi­ta­lis­mo tam­bién son finitos.

La his­to­ria con­ti­núa. Y gol­pea hoy en Ucrania con furor hege­liano. Porque ocu­rre que, al igual que con Napoleón en 1806, ese país con­den­sa las prin­ci­pa­les con­tra­dic­cio­nes que mar­can este momen­to de la historia.

En el con­flic­to de Ucrania están pre­sen­tes las ten­den­cias más impor­tan­tes de la cri­sis glo­bal del capi­ta­lis­mo. Por una par­te, el debi­li­ta­mien­to agu­do de los regí­me­nes polí­ti­cos bur­gue­ses, la ten­sión entre las poten­cias impe­ria­lis­tas, la exci­ta­ción de los nacio­na­lis­mos y la ilu­sión de que esos con­flic­tos pue­dan ser con­te­ni­dos por la vía bona­par­tis­ta. Por otra par­te, está el cre­cien­te pro­ta­go­nis­mo de los pue­blos, la bús­que­da de for­mas de acción de tra­ba­ja­do­res y la ten­den­cia obje­ti­va hacia el poder popu­lar. Son los ras­gos de la his­to­ria viva, en desa­rro­llo, de nues­tro tiempo.

las lec­cio­nes de ucrania

La cri­sis en Ucrania comen­zó bajo el signo, no de la con­cien­cia de la his­to­ria, sino de la ideo­lo­gía de su fin. Miles de ciu­da­da­nos levan­ta­ron, ini­cial­men­te, la más impo­si­ble – es decir, ahistórica- de las con­sig­nas. En su pro­tes­ta en con­tra del corrup­to régi­men de Yanúkovich, pedían el ingre­so de Ucrania a la Unión Europea. Imposible, por­que ‑como sabe has­ta un niño- la UE no quie­re, ni pue­de, acep­tar nue­vos miem­bros y menos al que­bra­do Estado ucra­niano. Imposible, por­que aún un esta­tu­to de aso­cia­ción sig­ni­fi­ca­ba, no el acce­so a las bon­da­des eco­nó­mi­cas de la metró­po­lis euro­pea, sino el some­ti­mien­to a los dic­ta­dos de ajus­te de la troi­ka, con su secue­la de cesan­tía, recor­te de suel­dos y ser­vi­cios socia­les. Imposible, por­que el supues­to nacio­na­lis­mo de la pla­za Maidan ter­mi­na­ría en la más ver­gon­zo­sa abdi­ca­ción de la sobe­ra­nía ucra­nia­na. Imposible, por­que todo la manio­bra había sido digi­ta­da por Estados Unidos, pero la UE es domi­na­da por Alemania, que bus­ca, jus­ta­men­te un enten­di­mien­to, con… ¡Rusia!

Bajo la ban­de­ra de la UE, se con­gre­ga­ba el cho­vi­nis­mo más vul­gar; bajo la con­sig­na de la demo­cra­cia repre­sen­ta­ti­va, ope­ra­ban los neo­na­zis y apo­lo­gis­tas del colaboracionismo.

Tras la denun­cia de la corrup­ción ofi­cial, actua­ban los mis­mos oli­gar­cas y mafio­sos que han sos­te­ni­do a todos los gobier­nos ucra­nia­nos des­de la caí­da de la URSS.

caja de pandora

También aquí, Estados Unidos cre­yó que podría mane­jar la ola de levan­ta­mien­tos popu­la­res de los años recien­tes. Pero al igual que en Siria, Libia, Egipto, no ha sido así. De la famo­sa caja de Pandora, una vez abier­ta, salie­ron todo tipo de sor­pre­sas. En una rápi­da reac­ción, Rusia ane­xó la penín­su­la de Crimea, base de su flo­ta del Mar Negro. Y en la par­te de Ucrania don­de se con­cen­tra la pobla­ción urba­na y la pro­duc­ción indus­trial y mine­ra del país se levan­tó la con­sig­na de la resis­ten­cia al nue­vo régi­men de Kiev y la autodeterminación.

Es inne­ga­ble que Rusia tam­bién pre­ten­de diri­gir el movi­mien­to en el sur y este de Ucrania. Es par­te de la ten­den­cia bona­par­tis­ta con la que Putin pre­ten­de pro­te­ger su régi­men de con­vul­sio­nes simi­la­res. Hace siglo y medio, Louis Bonaparte se ves­tía con los ropa­jes del tran­si­to­rio Imperio de su tío, el ya men­cio­na­do Napoleón. Putin acen­túa el nacio­na­lis­mo y se pre­sen­ta como un cam­peón del anti­im­pe­ria­lis­mo. Y, rom­pien­do su pre­di­lec­ción por las glo­rias del zaris­mo y de la Iglesia Ortodoxa, jue­ga aho­ra con los sím­bo­los sovié­ti­cos. Eso es impor­tan­te, pues el sen­ti­mien­to de los lla­ma­dos “pro­rru­sos” de Ucrania está imbui­do por las con­quis­tas socia­les y cul­tu­ra­les que se per­die­ron con el fin de la Unión Soviética.

el camino del poder popular

Mientras, en la región del Donetsk el pue­blo tra­za un camino por sus pro­pios medios. En un refe­rén­dum en 2.000 cole­gios elec­to­ra­les en 53 loca­li­da­des, un 89 por cien­to de los votan­tes rati­fi­có la rup­tu­ra con el régi­men de Kiev. Según la pren­sa occi­den­tal, el acto elec­cio­na­rio fue rea­li­za­do bajo la égi­da de auto­ri­da­des “auto­pro­cla­ma­das”. En efec­to, “alcal­des popu­la­res”, “comi­tés de auto­de­fen­sa”, “gobier­nos” y “repú­bli­cas popu­la­res”, todos se auto­pro­cla­man como tales. Para quie­nes sos­tie­nen los intere­ses del impe­ria­lis­mo, aque­llo sería anti­de­mo­crá­ti­co e ilegítimo.

Pero todo poder popu­lar es “auto­pro­cla­ma­do”, pues es la afir­ma­ción de un poder nue­vo, direc­to, de las masas, fren­te al régi­men cons­ti­tui­do. Así comen­zó la inde­pen­den­cia ame­ri­ca­na. Así, auto­pro­cla­mán­do­se, actuó la Revolución de Mayo en Buenos Aires, el cabil­do de Santiago y la pri­me­ra jun­ta de gobierno; así fue el regis­tro orga­ni­za­do por O’Higgins sobre la inde­pen­den­cia, un refe­rén­dum tam­bién. Así son los cami­nos de la historia.

Mientras los auto­pro­cla­ma­dos prac­ti­can la demo­cra­cia, efec­ti­vos mili­ta­res ucra­nia­nos ocu­pan los loca­les de vota­ción y, ate­mo­ri­za­dos, abren fue­go con­tra la muche­dum­bre, como en Krasnoarmeysk. Mientras las auto­ri­da­des de Kiev son inca­pa­ces de cual­quier acción con­cre­ta, los auto­pro­cla­ma­dos actúan con efi­ca­cia. ¿Quién es más gobierno aquí? ¿Quién es más legí­ti­mo? ¿Quién va con la his­to­ria y quién en con­tra de ella?

El pro­ce­so de Ucrania, decía­mos, refle­ja, en la leja­nía, las con­tra­dic­cio­nes pró­xi­mas de nues­tro tiem­po: los esfuer­zos deses­pe­ra­dos del capi­ta­lis­mo por sal­var sus regí­me­nes, las maqui­na­cio­nes del impe­ria­lis­mo, las varian­tes para fre­nar la lucha de cla­ses, lo san­gui­na­rio de los ins­tru­men­tos que emplea para ese fin; pero nos mues­tra, al fin, la ten­den­cia política-histórica que debe­mos cono­cer y domi­nar: el camino del poder popular.

El des­en­la­ce de la gue­rra civil en Ucrania está por deci­dir­se. Parece pro­ba­ble que se impon­ga, tar­de o tem­prano, sobre la san­gre derra­ma­da, un arre­glo entre las poten­cias intere­sa­das. ¿Será dura­de­ro? ¿Puede serlo?

Al final, la pre­gun­ta es: ¿qué va con la his­to­ria y qué se resis­te a su avan­ce? La ver­dad es que lo esta­mos vien­do fren­te a nues­tros ojos. Es la his­to­ria, es el espí­ri­tu uni­ver­sal, pero aho­ra pues­to sobre sus pies. Y avan­za, ya no soli­ta­rio, a caba­llo, sino en mul­ti­tu­des de hom­bres y muje­res, jóve­nes y niños, que desa­fían las balas, las men­ti­ras y la pre­po­ten­cia de quie­nes dicen que su poder es eterno.

La his­to­ria de hoy nos deja lec­cio­nes, la nece­si­dad de la uni­dad, la nece­si­dad de la con­duc­ción, la nece­si­dad de la dis­ci­pli­na, la nece­si­dad del poder popu­lar, la nece­si­dad de la revolución.

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14.5.2014
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