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13.7.2014 | Partido de los Trabajadores

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13.7.2014
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Paro nacional: debemos unirnos

La dis­yun­ti­va de hoy es si per­mi­ti­mos que los corrup­tos, los ladro­nes, los explo­ta­do­res, pro­fun­di­cen y extien­dan su cri­sis o si el pue­blo de Chile empren­de el cam­bio que ver­da­de­ra­men­te necesita.
En el actual con­tex­to, debe hacer­se valer la fuer­za de los tra­ba­ja­do­res, debe escu­char­se la voz de todo el pue­blo, en una gran movi­li­za­ción, en un paro nacio­nal que mues­tre una efec­ti­va sali­da a la crisis. 

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Hasta que la dignidad se haga costumbre

La expe­rien­cia de diciem­bre pasa­do, en que se for­mó des­de las bases una fuer­te corrien­te por la dig­ni­dad docen­te, demues­tra que esta bata­lla se pue­de ganar. El gobierno está debi­li­ta­do polí­ti­ca­men­te, al igual que los repre­sen­tan­tes del ofi­cia­lis­mo en la diri­gen­cia del Colegio de Profesores. Ambos bus­ca­rán des­viar la lucha, con­fun­dir, fre­nar. Esperan radi­car la dis­cu­sión en el Congreso, con los par­la­men­ta­rios corrup­tos. No hay que hacer­les caso. No hay nada que hablar allí.

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Chile está primero

El pue­blo, la patria, debe estar pri­me­ro. Chile está pri­me­ro. Si se siguie­ra ese prin­ci­pio, los des­ti­na­ta­rios de aquel recla­mo demo­crá­ti­co popu­lar toma­rían la ini­cia­ti­va y aban­do­na­rían la esce­na de mane­ra volun­ta­ria. En efec­to, no es el gri­to de “que se vayan todos” el vio­len­to; ofre­ce, al con­tra­rio, la posi­bi­li­dad de una sali­da orde­na­da. Lo vio­len­to es que los que deben irse se afe­rren deses­pe­ra­da­men­te al domi­nio del país.

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El pueblo avanza en la lucha

Lo hicie­ron nue­va­men­te. Arrancaron de nues­tro seno a dos her­ma­nos, a dos hijos, a dos com­pa­ñe­ros. Exequiel Borvarán y Diego Guzmán han muer­to mien­tras lucha­ban por las deman­das popu­la­res de la edu­ca­ción. ¿Quién se hace res­pon­sa­ble? ¿Lo hace quién apre­tó el gati­llo o lo hace quién sem­bró el odio, quién azu­zó al ase­sino e indi­có la direc­ción de los dis­pa­ros? El sacri­fi­cio de estos dos hijos de tra­ba­ja­do­res, de dos estu­dian­tes com­pro­me­ti­dos con su pue­blo, mar­ca con san­gre a un régi­men que reco­no­ce hoy el fra­ca­so de su inten­to de dete­ner su caí­da con la ilu­sión del neo­rre­for­mis­mo, o sea, de refor­mas que no son refor­mas siquie­ra modes­tas, sino arti­fi­cios para pro­lon­gar la vida del régimen. 

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