Chile está primero

Chile está primero

27.5.2015 | Estrella de la Segunda Independencia

Basta una orden, una dis­cre­ta indi­ca­ción, y los ins­tru­men­tos del poder comien­zan a ope­rar. La repre­sión poli­cial de las mani­fes­ta­cio­nes popu­la­res es habi­tual y los muer­tos, los heri­dos, los gol­pea­dos, son innu­me­ra­bles. Son pobla­do­res, son tra­ba­ja­do­res, que enfren­tan la vio­len­cia cons­tan­te­men­te. Aun así, no es un acci­den­te que en sólo pocos días las calles de Chile se tiñe­ran nue­va­men­te de san­gre. No es un tro­pie­zo; es un mensaje.

Es el estreno en socie­dad de un nue­vo gobierno, impues­to de acuer­do a los meca­nis­mos cons­ti­tu­cio­na­les, pero al mar­gen de cual­quier deci­sión demo­crá­ti­ca. La elec­ción de Michelle Bachelet en 2013 con­te­nía esa con­tra­dic­ción: apa­ren­ta­ba ser un gobierno fuer­te, pues cons­ti­tu­yó la opción más fuer­te entre sus com­pe­ti­do­res, pero en reali­dad, era débil. Fue ungi­do en elec­cio­nes insó­li­tas, anó­ma­las, en que la mayo­ría del elec­to­ra­do deci­dió no ir a votar. La abs­ten­ción refle­ja el recha­zo mayo­ri­ta­rio de la pobla­ción al régi­men polí­ti­co, el prin­ci­pal fac­tor que ali­men­ta su cri­sis. Pero los par­ti­dos gober­nan­tes opta­ron por igno­rar ese hecho.

repre­sión

Ahora ese gobierno ya no exis­te. La ace­le­ra­da cri­sis ter­mi­nó por derri­bar­lo. Ha sido sus­ti­tui­do por otro, en que los par­ti­dos, apa­ren­te­men­te débi­les, lle­van la delantera.

Y la vio­len­cia es el “matiz” que sella el fra­ca­so del expe­ri­men­to neo­rre­for­mis­ta y el retorno de los méto­dos de la vie­ja Concertación. A su cabe­za fue desig­na­do un fun­cio­na­rio expe­ri­men­ta­do en diri­gir la fuer­za repre­si­va en con­tra del pue­blo y sus orga­ni­za­cio­nes. La exis­ten­cia polí­ti­ca de Jorge Burgos, el minis­tro del Interior, nació en los sóta­nos de “la Oficina”, en los gabi­ne­tes en que se con­ta­ban los muer­tos en las pro­tes­tas y “enfren­ta­mien­tos” y en las cele­bra­cio­nes en los casi­nos de ofi­cia­les. Todo eso, por supues­to, muy “demo­crá­ti­ca­men­te”. Su exac­ta fisio­no­mía moral que­dó gra­ba­da en el modo en que jus­ti­fi­có la pasi­vi­dad de la poli­cía para inves­ti­gar el secues­tro y ase­si­na­to de más de una dece­na de niñas en Alto Hospicio: a los deses­pe­ra­dos padres les dijo que nada se podía hacer y que sus hijas segu­ra­men­te habían esca­pa­do de sus casas para dedi­car­se a la pros­ti­tu­ción. He aquí, en un solo ejem­plo, el per­fil de quie­nes hoy diri­gen el país.

El regre­so de la Concertación, con la DC a la cabe­za, pone fin al ensa­yo neo­rre­for­mis­ta, pero per­si­gue su mis­mo pro­pó­si­to: fre­nar la cri­sis del régi­men polí­ti­co. Sin embar­go, los hechos demos­tra­ron que eso no es posi­ble. El pro­gra­ma ofre­ci­do al país por la Nueva Mayoría en 2013 esta­ba con­de­na­do al fra­ca­so de ante­mano. No por­que las refor­mas fue­ran insu­fi­cien­tes o exclu­ye­ran la “inci­den­cia” o par­ti­ci­pa­ción de los movi­mien­tos socia­les, como han dicho sus par­ti­da­rios más idea­lis­tas. El moti­vo fun­da­men­tal es que las refor­mas que pre­ten­dían inter­pre­tar los recla­mos de la ciu­da­da­nía, no esta­ban diri­gi­das a la socie­dad, sino al pro­pio régi­men polí­ti­co y su pre­ser­va­ción. Por eso, hubo una refor­ma tri­bu­ta­ria para los empre­sa­rios, labo­ral para los patro­nes, edu­ca­cio­nal para los sos­te­ne­do­res, elec­to­ral para los par­la­men­ta­rios; por eso, se quie­re impo­ner una carre­ra docen­te para des­pe­dir pro­fe­so­res, y una edu­ca­ción gra­tui­ta que es más res­trin­gi­da que la con­ce­di­da, en su momen­to, por el gobierno de Piñera.

rea­lis­mo

Ahora el gobierno aban­do­na la siem­bra de ilu­sio­nes, los dis­cur­sos ciu­da­da­nos y “el pro­gra­ma”. Se vuel­ve al cálcu­lo frío y comer­cial de las reali­da­des: ante la emer­gen­cia, ante el debi­li­ta­mien­to del régi­men, se tra­ta de cohe­sio­nar­lo en torno a sus com­po­nen­tes fun­da­men­ta­les, los par­ti­dos. Pero las con­di­cio­nes ya no son las mis­mas. En el perío­do que siguió a la dic­ta­du­ra, la cla­se domi­nan­te for­mó un régi­men que incluía a todos, des­de el pre­si­den­te, el Congreso y el Poder Judicial has­ta Pinochet, pasan­do por las coa­li­cio­nes polí­ti­cas, los medios de comu­ni­ca­ción, la Iglesia y los gre­mios empre­sa­ria­les y a la buro­cra­cia esta­tal. Hoy, en cam­bio, la cri­sis ha avan­za­do tan­to que el régi­men se mues­tra inca­paz de poner orden en el… Servicio de Impuestos Internos.

La pro­pia idea de crear una cohe­sión en torno a los par­ti­dos cho­ca con el frac­cio­na­mien­to y las divi­sio­nes inter­nas de las colec­ti­vi­da­des polí­ti­cas. La dere­cha está dis­mi­nui­da y sin capa­ci­dad de tomar la ini­cia­ti­va; en el ofi­cia­lis­mo, la pelea sobre quién debe diri­gir aún no ha con­clui­do y cada gol­pe debi­li­ta aún más al con­jun­to. Y, dicho al mar­gen, hay algu­nos par­ti­dos que, en este nue­vo esque­ma, empie­zan a sobrar un poco. ¿Para qué haría fal­ta una orga­ni­za­ción que ofre­ce como su apor­te espe­cí­fi­co tener “un pie en gobierno y otro en el movi­mien­to social”, si los pro­ble­mas de “la calle” aho­ra se resuel­ven lla­man­do a Carabineros?

Porque, jus­ta­men­te, ese es el prin­ci­pal efec­to de la actual eta­pa de la cri­sis: mien­tras más bus­ca defen­der­se el régi­men, mien­tras más inten­ta refu­giar­se en su núcleo irre­duc­ti­ble, más debe recu­rrir a la fuer­za para dis­ci­pli­nar a todos los demás.

En suma, ha ter­mi­na­do la fase de las bri­llan­tes pro­me­sas, de las gran­des opor­tu­ni­da­des. Los infor­mes del PNUD, los diag­nós­ti­cos socio­ló­gi­cos del males­tar social, los papers de polí­ti­cas públi­cas pro­gre­sis­tas, pasan al basu­re­ro. La esti­ma­ción de los poten­cia­les es reem­pla­za­da por el cómpu­to frío y duro de los hechos real­men­te existentes.

qué hacer

Los tra­ba­ja­do­res tam­bién debe­mos obrar con rea­lis­mo. Debemos pre­pa­rar­nos y actuar con frial­dad. Por eso, noso­tros levan­ta­mos la con­sig­na de “que se vayan todos”. Es el camino más ade­cua­do a las actua­les cir­cuns­tan­cias del país. Las otras opcio­nes, dise­ña­das des­de arri­ba, ya han que­da­do invalidadas.

Pero es ver­dad que hay muchos que dudan.

¿Es posi­ble? ¿Qué sig­ni­fi­ca eso, “que se vayan todos”? Simplemente, apun­ta a un cam­bio real, ajus­ta­do a la actual eta­pa his­tó­ri­ca del país. No se tra­ta de una pro­pues­ta extra­or­di­na­ria. La mis­ma sali­da se ha plan­tea­do en otras situa­cio­nes de cri­sis polí­ti­ca. ¿O cuan­do el pue­blo luchó en con­tra de la dic­ta­du­ra de Pinochet no exi­gía, en el fon­do, lo mis­mo? ¿Y aca­so el hecho de que enton­ces no se plan­tea­ra el pro­ble­ma con rea­lis­mo, es decir, que se fue­ran todos, no con­tri­bu­yó a que, al final, siguie­ran los mis­mos en el poder?

Un hom­bre, se supo­ne, ins­trui­do, ex rec­tor de la Universidad de Chile, cri­ti­có el lla­ma­do a que se vayan todos como algo “impre­ci­so y peli­gro­so”. Otros creen ver en esa exi­gen­cia un impul­so a la “anti­po­lí­ti­ca”. Sorprende seme­jan­te con­fu­sión en quie­nes se atri­bu­yen un domi­nio aca­ba­do de los conceptos.

que se vayan todos

Que se vayan todos sig­ni­fi­ca que deben irse los ladro­nes, los corrup­tos, los men­ti­ro­sos, los explo­ta­do­res, los nar­co­tra­fi­can­tes y delin­cuen­tes, los espe­cu­la­do­res, los ase­si­nos. Es un sis­te­ma basa­do en el saqueo, en la corrup­ción, en la mani­pu­la­ción, en la explo­ta­ción, en el robo y el cri­men el que debe ter­mi­nar para que el pue­blo de Chile deci­da su des­tino. Como se ve, se tra­ta de una afir­ma­ción suma­men­te pre­ci­sa y pro­fun­da­men­te política.

Ahora, ¿es peli­gro­sa? No es esa exi­gen­cia la peli­gro­sa, son las cir­cuns­tan­cias en que sur­ge: la cri­sis del régi­men que ame­na­za con arras­trar con­si­go a todo un país. Ese el pun­to. El pue­blo, la patria, debe estar pri­me­ro. Chile está pri­me­ro. Si se siguie­ra ese prin­ci­pio, los des­ti­na­ta­rios de aquel recla­mo demo­crá­ti­co popu­lar toma­rían la ini­cia­ti­va y aban­do­na­rían la esce­na de mane­ra volun­ta­ria. En efec­to, no es el gri­to de “que se vayan todos” el vio­len­to; ofre­ce, al con­tra­rio, la posi­bi­li­dad de una sali­da orde­na­da. Lo vio­len­to es que los que deben irse se afe­rren deses­pe­ra­da­men­te al domi­nio del país.

El pue­blo, en la mis­ma medi­da en que otor­ga esa opor­tu­ni­dad, eva­lúa, cal­cu­la, mide las fuer­zas. Lo hace sin fan­ta­sías, sin ilu­sio­nes, con rea­lis­mo, con serie­dad, con deter­mi­na­ción, pues se pre­pa­ra para ocu­par el lugar que le corresponde.

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27.5.2015
El pueblo, la patria, debe estar primero. Chile está primero. Si se siguiera ese principio, los destinatarios de aquel reclamo democrático popular tomarían la iniciativa y abandonarían la escena de manera voluntaria. En efecto, no es el grito de “que se vayan todos” el violento; ofrece, al contrario, la posibilidad de una salida ordenada. Lo violento es que los que deben irse se aferren desesperadamente al dominio del país.

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