El movimiento popular del sur ha conmocionado a todo Chile. Se inició como una movilización de un sector de la población, los pescadores artesanales. Pero se expandió en una rápida y explosiva sucesión de cortes de ruta, paralizaciones, marchas, ollas comunes y manifestaciones de solidaridad.

Nadie queda indiferente frente a este auténtico levantamiento. Ha capturado la atención, incluso, más allá de nuestras fronteras. Todos intuyen que se trata de un acontecimiento de un descomunal significado. ¿Pero cuál es?

La respuesta a esa pregunta es más importante que el desenlace concreto del conflicto. Es la pregunta sobre la determinación de la derrota o la victoria del movimiento.

el significado del movimiento

No todos comparten esta manera de plantear las cosas. Muchos de los que observan, desde afuera, los hechos no se interesan por definir quién gana o quién pierde. Se interesan, al contrario, por lo que reputan extraordinario y raro. La catástrofe ambiental, representada por la inédita extensión de la marea roja o por los efectos de operación de la industria salmonera, les parece ser el asunto central. O bien, su apreciación folklórica, por ejemplo, de lo que consideran una afirmación del pescador o del ser chilote, lo juzgan como la cuestión principal. En otras palabras, convierten un proceso vivo en un fetiche, en una entidad que puede ser idolatrada o vilipendiada.

Así, tenemos los abusos de los salmoneros, que deben ser fiscalizados y sancionados; el olvido de un archipiélago, que debe ser empoderado y valorado; un gobierno indolente, que debe ser criticado; y una pobre gente, que debe ser ayudada.

A nosotros, nada de eso nos parece extraordinario. Son constataciones bien conocidas desde hace muchas décadas.

lo extraordinario

Lo que rompe lo común no está en eso. Lo extraordinario es la aplicación de los métodos de la acción directa, de los métodos del poder popular por parte de amplias masas. Lo extraordinario radica en la rápida ampliación de las demandas y el ejercicio práctico de la unidad verdadera, desde abajo. Lo extraordinario está en cómo una protesta que partió en puntos específicos y, en muchos casos, apartados, de la región, convergió en sus mayores centros urbanos, Castro, Ancud, Osorno y, especialmente, su capital, Puerto Montt, que se ha visto sacudido por movilizaciones sin precedentes.

Con todo respeto a los biólogos marinos, hay que decirlo: el origen de estos acontecimientos extraordinarios no está en el mar, en las algas o en los peces, en ninguna catástrofe. Y, con perdón de los hippies y amantes del exotismo rural, tampoco está en el gorro de lana ni en el marino chilote.

Nosotros afirmamos, basado en nuestro propio estudio científico –el materialismo o marxismo-, que las causas del movimiento nacen de un fenómeno denominado la lucha de clases.

lucha de clases

En ese sentido, el significado de la lucha del sur surge de las múltiples contradicciones que marcan el movimiento. La amplitud de sus demandas, su carácter de masas, ofensivo y de clase, choca con las exigencias particulares de los dirigentes de los pescadores artesanales, varios de cuales tienen un historial entreguista. Lo segundo –el gobierno lo sabe- puede ser “resuelto” con bonos. Lo primero -el régimen lo tiene claro- sólo puede ser solucionado con el derrocamiento del sistema corrupto.

Por eso, admite negociaciones con unos, y aplica la represión a los otros. Por eso, explota las infinitas divergencias de intereses entre los distintos sectores para dividir al movimiento. Por eso, promueve la labor de zapa de autoridades locales y operadores políticos. Por eso, apuesta al agotamiento, a la persecución, al temor y los rumores. Por eso, ve con buenos ojos la acción de quienes pretenden sacar réditos políticos del movimiento.

¿victoria o derrota?

¿Tendrán éxito? Sí, es posible que sus planes surtan efecto. El movimiento del sur tiene antecedentes: los levantamientos de Magallanes y de Freirina, que constituyeron un histórico punto de inflexión en la lucha popular. Concluyeron, como también podría ocurrir en este caso, en una mesa de negociación y altisonantes promesas incumplidas.

Sin embargo, las movilizaciones de hoy ocurren bajo otras condiciones: la decadencia terminal del régimen político y el afán de los capitalistas de descargar su crisis en la clase trabajadora. Específicamente, en la región de Los Lagos, los golpes propinados a los trabajadores de la principal rama productiva de la zona, la salmonicultura industrial.

Pero ya ha quedado claro que se ha abierto una nueva etapa, en que la lucha de clases se libra de manera abierta y directa. Las luchas que antes se realizaban de manera aislada, ahora necesariamente se entroncan unas con otras y asumen el carácter de su tiempo.

Es decir, son ofensivas, sus demandas son generales y no particulares o sectarias; están basadas en la clase trabajadora; se desarrollan mediante el ejercicio de la unidad; se dirigen firmemente en contra del régimen corrupto, y les cierran el paso a sus representantes que pretenden introducirse en el movimiento, bajo la consigna tajante de “que se vayan todos”.

Su orientación histórica es revolucionaria, en que cada lucha particular que asume esas características es un avance, y en que cada conflicto que se sustrae de esos severos dictados de nuestra época, implica un retroceso. He ahí el criterio para definir éxito o fracaso de un movimiento. Su eficacia, su fuerza, siempre se probará en su capacidad de generalizar la experiencia, y mantener bien identificados a los enemigos.

El poderoso levantamiento de la X Región, las grandes jornadas en las barricadas en las rutas y carreteras, y en las calles de sus ciudades, son ya una demostración de fuerza de nuestra clase, son un salto de 30 o 40 años, realizado en pocos días. Es una victoria que el sur de Chile ofrenda a nuestro pueblo, en forma de experiencia, de ejemplo y aliento en el comienzo del camino.

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