Elecciones constituyentes: menos complicado de lo que parece

Elecciones constituyentes: menos complicado de lo que parece

14.5.2021 | Noticias

Se supo­nía que se iban a rea­li­zar un año atrás, o un poco menos. Y tam­bién se supo­nía que debían mar­car una espe­cie de rege­ne­ra­ción cívi­ca, bajo el man­to sagra­do del acuer­do del 15 de noviem­bre de 2019.

Pero no sólo se inter­pu­so la pan­de­mia, que corrió inve­ro­sí­mil­men­te todo el calen­da­rio. El pro­pio acuer­do cons­ti­tu­cio­nal que­dó, ya enton­ces, des­po­ja­do de sen­ti­do, por la con­ti­nua­ción de las movi­li­za­cio­nes y por la ins­tau­ra­ción de un nue­vo y gran capí­tu­lo de luchas en Chile y en nues­tro con­ti­nen­te. Con la con­for­ma­ción de un poder de las masas que se opo­ne, median­te su acti­vi­dad, al poder de la cla­se domi­nan­te, la sus­tan­cia reac­cio­na­ria del acuer­do sim­ple­men­te se disi­pó. Y el iti­ne­ra­rio elec­to­ral al que dio ori­gen que­dó, con­si­guien­te­men­te, como un neu­má­ti­co des­in­fla­do. Quizás por eso se con­vir­tie­ron estas elec­cio­nes en un acto tan pos­ter­ga­do: si no esta­ba ama­rra­do, y bien ama­rra­do, cual­quier cosa podía pasar. El ple­bis­ci­to de octu­bre de 2020 así lo demos­tró. Lo que debía ser una refren­da­ción for­mal se con­vir­tió en una expre­sión polí­ti­ca de los intere­ses popu­la­res que des­qui­ció al régimen.

En otras pala­bras, lo espe­ra­do de estas elec­cio­nes, sin duda, se debe a lo incier­to de ellas. En eso, no hay gran dis­cu­sión. Los ana­lis­tas, los encues­ta­do­res y los diri­gen­tes polí­ti­cos coin­ci­den en que esta vez no pue­den esti­mar el resul­ta­do ni cal­cu­lar sus con­se­cuen­cias polí­ti­cas. Las nego­cia­cio­nes entre el gobierno y la opo­si­ción, por ejem­plo, que­da­ron supe­di­ta­das has­ta ver qué pasa este domin­go. La famo­sa coci­na se apa­gó, los ingre­dien­tes fue­ron devuel­tos al freezer.

La incer­ti­dum­bre es, para empe­zar, sim­ple­men­te mate­má­ti­ca. El sis­te­ma elec­to­ral está hecho bajo el supues­to de la exis­ten­cia de dos o tres gran­des fuer­zas polí­ti­cas que com­pi­ten por los esca­ños, y no, como ocu­rre aho­ra, de dos o tres coa­li­cio­nes ‑que agru­pan a los par­ti­dos del régimen- que luchan por su sobre­vi­ven­cia en un mar de lis­tas inde­pen­dien­tes. Se tra­ta de un fenó­meno extra­or­di­na­rio. Los patro­ci­nios para los can­di­da­tos inde­pen­dien­tes suma­ron, en dos sema­nas, más adhe­sio­nes que la suma de mili­tan­tes de todos los par­ti­dos polí­ti­cos; afi­lia­cio­nes que fue­ron reco­gi­das duran­te años.

Los diz­ques exper­tos no tie­nen como compu­tar ese hecho. Suponen como base para sus cálcu­los las elec­cio­nes par­la­men­ta­rias de 2017, cuyos resul­ta­dos, rela­ti­va­men­te, favo­re­cie­ron a la dere­cha de un modo que hoy resul­ta­ría inve­ro­sí­mil o impo­si­ble. Deberían par­tir del ple­bis­ci­to de 2020 ‑80% con­tra 20%. El pro­ble­ma, por supues­to, es que ese ante­ce­den­te no refle­ja la fuer­za rela­ti­va de los par­ti­dos del régi­men, sino sólo, y en un gra­do mayúscu­lo, como éstos son repudiados.

Esa es sólo la par­te mate­má­ti­ca del asun­to. Veámoslo de otro modo: ¿qué sig­ni­fi­ca si una mayo­ría del elec­to­ra­do depo­si­ta su voto por alguno de los can­di­da­tos y lis­tas que, median­te el rótu­lo de “inde­pen­dien­te” ‑una eti­que­ta, muchas veces, pega­da bien a la rápi­da, con cin­ta de embalaje- mues­tran a lo menos una dis­tan­cia, si no una opo­si­ción, a los par­ti­dos del régi­men? ¿Qué sig­ni­fi­ca si esa mayo­ría, como sería pro­ba­ble, no tuvie­ra una expre­sión polí­ti­ca en la con­ven­ción cons­ti­tu­cio­nal, que es lo que se elige?

La incer­ti­dum­bre, enton­ces, deter­mi­na por qué estas elec­cio­nes son tan pelea­das. Plantean un con­flic­to fun­da­men­tal en medio del derrum­be del régi­men y de sus par­ti­dos. El con­flic­to no con­sis­te, sin embar­go, en la con­tra­po­si­ción entre par­ti­dos e inde­pen­dien­tes. La pelea es sobre cómo se con­du­ci­rá la cri­sis polí­ti­ca, eco­nó­mi­ca y social. Y ahí, las cosas se com­pli­can. Operan las temi­das para­do­jas. Mientras más débi­les (en el sen­ti­do de su apo­yo en la socie­dad) sean los par­ti­dos del régi­men, más se deben atrin­che­rar en el Estado, en el par­la­men­to y, cla­ro, en la con­ven­ción; o sea, en los luga­res don­de son… más fuer­tes. Para los “inde­pen­dien­tes” ‑y deje­mos de lado a los figu­ri­nes indi­vi­dua­les; pen­se­mos en aque­llos que se recla­man repre­sen­tan­tes de los movi­mien­tos socia­les, del pue­blo, de las deman­das del levan­ta­mien­to popu­lar de octubre- rige la mis­ma para­do­ja. Mientras más “fuer­tes” se vuel­ven, mien­tras más adhe­sión reci­ban de la ciu­da­da­nía, más debe­rán asu­mir su debi­li­dad inhe­ren­te. Pues el movi­mien­to popu­lar que se encau­za con el levan­ta­mien­to, el poder del pue­blo que se crea en la lucha, no se con­for­ma a ser una voz más en un par­la­men­to, menos en uno subor­di­na­do y limi­ta­do como esta convención.

A lo que aspi­ra el poder del pue­blo es a ser la úni­ca voz, pues ya es la mayo­ría, la mayo­ría cali­fi­ca­da, la supra­ma­yo­ría, de la nación. Quienes se pre­sen­tan como repre­sen­tan­tes de esas gran­des mayo­rías, los diri­gen­tes socia­les, diga­mos, que pro­me­ten una cons­ti­tu­ción mejor y piden los votos de la gen­te, ten­drán un pro­ble­ma muy gran­de, si les va bien en la elec­ción. Deberán expli­car­les a esas mis­mas muche­dum­bres por qué des­pués tuvie­ron que nego­ciar sus prin­ci­pios o pro­pues­tas. O, si se nie­gan a eso, debe­rán dar cuen­ta de por qué des­pués le piden al pue­blo que se movi­li­ce y que, por favor, “haga pre­sión”. Ese mis­mo pue­blo, que no ha nece­si­ta­do de ellos para exi­gir sus dere­chos, bien va a con­cluir que tam­po­co le hacen fal­ta ese tipo de media­do­res o repre­sen­tan­tes, si, al final, todo ten­drá que pelear­lo solo.

Y se les va mal en la elec­ción, tam­bién ten­drán que dar expli­ca­cio­nes. Pero eso siem­pre es así. Complicado ¿no?

No hay que­brar­se la cabe­za con todo esto. Así como estas elec­cio­nes son pelea­das, por­que refle­jan, de algún modo, el con­flic­to fun­da­men­tal de nues­tro tiem­po, son irre­le­van­tes. Porque ese con­flic­to fun­da­men­tal no se resuel­ve en sus refle­jos, sino dón­de real­men­te exis­te: en las casas, pobla­cio­nes, y barrios, en las tien­das, talle­res, fábri­cas, minas y puer­tos, en las calles y ave­ni­das, en las escue­las y en los cam­pos. Se resuel­ve en la lucha de los tra­ba­ja­do­res y de todo el pue­blo. Y, en eso, vamos bien enca­mi­na­dos. Y no vamos solos.

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