Los pueblos alzan la mirada

Los pueblos alzan la mirada

7.5.2021 | Estrella de la Segunda Independencia

Las gran­des luchas del pue­blo colom­biano impac­tan a todo el con­ti­nen­te. Millones de per­so­nas en América, y más allá, absor­ben sus expe­rien­cias y lec­cio­nes como si fue­ran un ali­men­to. Reconocen for­mas y sím­bo­los comu­nes. Y se estre­me­cen ante el hecho de que los obje­ti­vos popu­la­res ‑resis­tir a la mise­ria, eli­mi­nar un régi­men corrup­to y crear un futu­ro nuevo- son los mismos.

En los, has­ta este momen­to, 11 días de paro nacio­nal en con­tra de las polí­ti­cas saquea­do­ras del gobierno dere­chis­ta de Duque, han muer­to ya dece­nas de per­so­nas. La repre­sión fue el pri­mer recur­so del Estado para enfren­tar a las masas. Rápidamente, se está con­vir­tien­do en el último.

Este paro nacio­nal en Colombia, deve­ni­do en levan­ta­mien­to popu­lar, es un esla­bón más en una lar­ga his­to­ria de luchas par­ti­cu­lar­men­te cruen­tas. Pero, al mis­mo tiem­po, cons­ti­tu­ye un cam­bio de la máxi­ma impor­tan­cia. Las movi­li­za­cio­nes abar­can a los gran­des cen­tros urba­nos, las con­cen­tra­cio­nes de la pobla­ción tra­ba­ja­do­ra. El cen­tro de la lucha de cla­ses se amplía, de este modo, des­de el cam­po a la ciu­dad. El pri­mer ante­ce­den­te fue­ron las movi­li­za­cio­nes de noviem­bre de 2019, al uní­sono con las de Chile.

La lucha de cla­ses en Colombia

Hasta aho­ra, el con­flic­to social en Colombia, con todas sus for­mas diver­sas, en un país abi­ga­rra­do, estu­vo deter­mi­na­do o encau­za­do, por las leyes de la gue­rra civil. Primero fue enfren­ta­mien­to vio­len­to entre dis­tin­tas fac­cio­nes de la bur­gue­sía y, des­pués, el sur­gi­mien­to de la gue­rri­lla. Esta lar­ga gue­rra ter­mi­nó por pro­vo­car una for­ma de equi­li­brio inter­mi­na­ble y san­grien­to. El desa­rro­llo de las orga­ni­za­cio­nes revo­lu­cio­na­rias alcan­zó una mag­ni­tud inusi­ta­da, pero a un cos­to increí­ble y sin que se acer­ca­ra al obje­ti­vo de la libe­ra­ción. Al con­tra­rio, los pro­pó­si­tos de la gue­rri­lla adqui­rie­ron otro cariz: la bús­que­da nego­cia­da de un balan­ce más pací­fi­co y polí­ti­co. Los acuer­dos entre el Estado y las FARC de 2016 no logra­ron ni lo uno ni lo otro.

No hay equi­li­brio alguno en Colombia. El derra­ma­mien­to de san­gre no se ha dete­ni­do. Nosotros adver­ti­mos de ese pro­ble­ma fun­da­men­tal en 2008. Fuimos cri­ti­ca­dos. Algunos cre­ye­ron ver en nues­tra posi­ción una fal­ta de soli­da­ri­dad; ade­más, en un momen­to que coin­ci­dió con un revés polí­ti­co que había sufri­do la gue­rri­lla. Pero los revo­lu­cio­na­rios se deben a su pue­blo, no a sí mis­mos. Sin con­fian­za en el pue­blo, no se pue­de cons­truir la uni­dad polí­ti­ca e ideo­ló­gi­ca para con­du­cir un pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio; de hecho, no se pue­de cons­truir nada de nada.

Ni enton­ces, ni aho­ra, dic­ta­mos cáte­dra ni pro­nun­cia­mos ser­mo­nes. Nos limi­ta­mos a seña­lar que se for­ma­ban las con­di­cio­nes para una gran ofen­si­va popu­lar en todo el con­ti­nen­te. Es lo que ocu­rre aho­ra; recién aho­ra, si se quie­re. Pero era nece­sa­rio remo­ver los obs­tácu­los que inter­po­nían al avan­ce del pue­blo. En el caso de las FARC, la mayor fuer­za gue­rri­lle­ra de la his­to­ria ame­ri­ca­na, eso ocu­rrió median­te los acuer­dos de paz, que deja­ron iner­mes a sus mili­tan­tes, y a sus diri­gen­tes, enca­jo­na­dos en el Senado. Ese es el peor lugar para un revo­lu­cio­na­rio cuan­do el pue­blo está en la calle. En tan­to, la otra orga­ni­za­ción gue­rri­lle­ra de impor­tan­cia, el ELN, había vis­to la exis­ten­cia de ese obs­tácu­lo y lo enfren­tó, sis­te­má­ti­ca y silen­cio­sa­men­te. Hoy es, sin duda, una fuer­za estruc­tu­ran­te en el avan­ce futu­ro de los tra­ba­ja­do­res colombianos.

La for­ma­ción de una con­duc­ción revolucionaria

La con­duc­ción revo­lu­cio­na­ria no se impo­ne. Nace de la con­vic­ción de que las masas deben expre­sar­se en sus pro­pios tér­mi­nos, y que siem­pre, cuan­do entran en acción, van a estar más avan­za­dos que las direc­cio­nes. Esa es una obser­va­ción que hizo, en otro tiem­po, Rosa Luxemburgo y que ha sido, fre­cuen­te­men­te, malen­ten­di­da. A lo que apun­ta es que las masas for­man su con­cien­cia en la acción, crean su orga­ni­za­ción, como cla­se, en la acción. Así, se deli­nean hoy, pre­su­ro­sa­men­te, las con­di­cio­nes para la con­for­ma­ción de una con­duc­ción revo­lu­cio­na­ria. El pue­blo colom­biano las está crean­do dia­ria­men­te. Este hecho no debe ser ocul­ta­do ni esca­mo­tea­do, a pesar de que el gobierno pre­ten­de­rá uti­li­zar­lo, pre­ci­sa­men­te, para divi­dir y confundir.

Pero, qui­zás, el temor es más fuer­te y la con­fu­sión esté, jus­ta­men­te, en el régi­men. Sus alu­sio­nes a que la gue­rri­lla, el ELN, las disi­den­cias de las FARC, esta­rían detrás de todo, son oscu­ras y vagas. Ocupan en su pro­pa­gan­da el mis­mo lugar de los con­sa­bi­dos “ván­da­los”, que vuel­ven ‑1566 años después- a aso­lar las ciu­da­des. Duque y Uribe se estre­me­cen ante una revo­lu­ción “mole­cu­lar y disi­pa­da”. No ven la revo­lu­ción real, que es, en el len­gua­je de la quí­mi­ca, una sín­te­sis orgánica.

El pro­ce­so está lan­za­do. En la medi­da en que no se deten­ga, aumen­ta­rá su alcan­ce y pro­fun­di­dad. Pero en el retro­ce­so, inevi­ta­ble y tem­po­ral, se des­ata­rá aún más la ven­gan­za, se sol­ta­rán los ani­ma­les, los sica­rios del nar­co, los para­mi­li­ta­res. Sin embar­go, esos mis­mos debe­rán ope­rar, si se atre­ven, en otro terri­to­rio; no en medio del ais­la­mien­to y el silen­cio, sino en las ciu­da­des aba­rro­ta­das de hom­bres y muje­res dis­pues­tos a luchar.

Lo que los pue­blos aprenden

Colombia es par­te de una gran ola de movi­li­za­cio­nes que reco­rren el con­ti­nen­te ame­ri­cano. Es un pro­ce­so que se había ini­cia­do ya antes de la pan­de­mia. Hoy, las con­se­cuen­cias de la emer­gen­cia sani­ta­ria agu­di­zan las con­di­cio­nes mate­ria­les que le dan ori­gen y mol­dean la dis­po­si­ción y urgen­cia de actuar. La ola, al repre­sen­tar un movi­mien­to ele­men­tal, escon­de sus fuer­zas motri­ces y con­tra­dic­cio­nes; en otras pala­bras, la dia­léc­ti­ca que expli­ca su avance.

El hecho con­cre­to es que los pue­blos apren­den los unos de los otros. En 2019, en Ecuador, se per­mi­tió que un movi­mien­to muy simi­lar fue­ra des­via­do por las diri­gen­cias de orga­ni­za­cio­nes polí­ti­cas y socia­les, como fue la Confederación de Nacionalidades Indígenas. El avie­so Moreno, ese coleóp­te­ro en silla de rue­das, se vio favo­re­ci­do por el afán de nego­ciar. Aparentó ceder. Pero los diri­gen­tes ven­die­ron al pue­blo y, al final, hicie­ron todas las concesiones.

En Perú, las masas deci­die­ron no dar res­pi­ro al gobierno. El régi­men encon­tró una sali­da tem­po­ral: un pre­si­den­te pro­vi­sio­nal y la con­vo­ca­to­ria a elec­cio­nes. Pero las “sali­das” no fun­cio­nan en estos tiem­pos de cri­sis de los regí­me­nes polí­ti­cos. Ellos lla­ma­ron a votar, a pre­ser­var la ins­ti­tu­cio­na­li­dad y su ver­sión de “demo­cra­cia”. En cam­bio, les die­ron al pro­fe­sor Castillo, que repre­sen­ta, más o menos, todo lo que odian y des­pre­cian. Ahora tra­ta­rán de com­prar­lo o des­viar­lo. Pero eso no impor­ta, por­que los pue­blos tam­bién apren­de­rán de eso, y apren­den rápido. 

En Chile, noso­tros podre­mos apren­der, por lo pron­to, de la enor­me fuer­za que des­plie­ga el méto­do del paro nacio­nal. Podemos asi­mi­lar cómo el desa­rro­llo de una orga­ni­za­ción crea­da en la acción lle­va al con­jun­to del pue­blo a mover­se y a poner en jaque al régimen.

Los pue­blos avan­zan metó­di­ca­men­te, explo­ran todas las posi­bi­li­da­des por su pro­pia cuen­ta. Y apren­den, cuan­do se per­ca­tan que son par­te un con­jun­to mayor. Por eso no espe­ran nada de las pró­xi­mas elec­cio­nes, del dubi­ta­ti­vo tan­teo de los polí­ti­cos y de las pro­me­sas cada vez más desesperadas.

Pero estu­dia, absor­be silen­cio­sa­men­te, las lec­cio­nes de Colombia hoy, y de los otros pue­blos ame­ri­ca­nos, mañana.

El pue­blo debe alzar la mira­da. Cuando la ele­va por enci­ma de los pro­ble­mas inme­dia­tos y los con­flic­tos coti­dia­nos, ve como se abre un pano­ra­ma espe­luz­nan­te de gran­des luchas popu­la­res que reco­rren nues­tro con­ti­nen­te y que mar­ca­rán los tiem­pos que vie­nen. Son tiem­pos de defi­ni­ción. Los cam­bios vie­nen. De eso no hay duda. Para que per­du­ren, deben estar liga­dos a la gran ges­ta ame­ri­ca­na. Y esa la defi­ni­rán, con su acción deci­di­da, los pue­blos de América.

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7.5.2021
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