Chile está primero

El pueblo, la patria, debe estar primero. Chile está primero. Si se siguiera ese principio, los destinatarios de aquel reclamo democrático popular tomarían la iniciativa y abandonarían la escena de manera voluntaria. En efecto, no es el grito de “que se vayan todos” el violento; ofrece, al contrario, la posibilidad de una salida ordenada. Lo violento es que los que deben irse se aferren desesperadamente al dominio del país.

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1° de Mayo 2015: ¡Que se vayan todos! Todo el poder a los trabajadores

Que se vayan todos, es el requisito para asegurar educación, salud y vivienda de carácter gratuito, igualitario y universal para todos los chilenos; para nacionalizar las industrias estratégicas del país, sus recursos naturales y al sector financiero; para sustituir el aparato armado del Estado por un auténtico ejército del pueblo; en suma, para que el putrefacto régimen de los corruptos de paso a un gobierno de los trabajadores, de la clase que, día a día, echa a andar a nuestro país, y que lo ponga a la vanguardia de la Segunda Independencia de nuestra América.

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¡Que se vayan todos!

La línea divisoria ya está trazada, es una marca de desprecio moral. Por un lado, un régimen podrido y desvencijado, por el otro, los trabajadores, un pueblo entero. Un pueblo que debe hoy prepararse para asumir las riendas del país. Pues la crisis del régimen admite una sola solución: ¡Que se vayan! ¡Que se vayan todos!

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¡Socialismo o muerte!

En una curiosa coincidencia, a la izquierda y a la derecha del espectro político se ha dicho -palabras más, palabras menos- que el anuncio de reanudación de las relaciones diplomáticas con EE.UU. equivale al fin de la revolución. Pero la política real es más prosaica que las grandes proclamaciones “históricas” de ocasión. Aquí no hay “fin de la guerra fría”, ni reconversión, abandono o derrumbe de revolución cubana. No estamos ya en esos tiempos. Hoy, lo que corre peligro de derrumbe son los regímenes políticos de la burguesía. En esta época, la iniciativa le pertenece a los trabajadores.

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¿Quién tiene miedo?

He ahí “el retorno del miedo”. El miedo no está en la población. El miedo está la cúpula del régimen. Y no hay policía, ni agentes encubiertos, ni montaje, ni criminalización, no haya nada que pueda detener a un pueblo unido que decida barrer con toda esta lacra inútil y caduca e imponer su propio orden.

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El cobre es nuestro

La nacionalización de los recursos básicos, y principalmente el cobre, es la gran tarea nacional de hoy. Es urgente e ineludible. Pero debe ser enfrentada con realismo y eficacia. Una medida semejante sólo puede ser cumplida por la clase trabajadora, que debe gobernar el país.

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La historia invisible

El proceso de Ucrania, decíamos, refleja, en la lejanía, las contradicciones próximas de nuestro tiempo: los esfuerzos desesperados del capitalismo por salvar sus regímenes, las maquinaciones del imperialismo, las variantes para frenar la lucha de clases, lo sanguinario de los instrumentos que emplea para ese fin; pero nos muestra, al fin, la tendencia política-histórica que debemos conocer y dominar: el camino del poder popular.

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Unidad: es la hora de luchar

Lo primero es que la unidad no es el acuerdo entre las cúpulas políticas, sino la unidad para cambiarlo todo. Debe partir de las demandas reales, concretas, más urgentes, de los trabajadores, de todo el pueblo, no de ilusiones y novísimas modas ideológicas. Es decir, sólo puede construirse en la lucha.

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Frente al imperialismo: confianza en el pueblo

El imperialismo moviliza sus recursos con la expectativa de frenar un ascenso de las luchas populares. No puede, por ejemplo, en Venezuela, actuar a su antojo. Pero calcula que puede aislar a su dirigencia, que puede escudarse en las garantías democráticas para actuar en contra de la mayoría, que puede atemorizar y limitar el apoyo internacional y, sobre todo, que puede desmoralizar al pueblo, afligido por las preocupaciones cotidianas, la ausencia de avances sociales y la inacción. Sin embargo, las condiciones son distintas.

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Un fallo colonial

Nuestra posición es contraria a la cesión de territorios de ninguna especie, bajo ningún título. Los cambios de límites orquestados por imperialismo y las burguesías locales persiguen fines contrarios a los trabajadores. El americanismo hoy sólo se puede entender como la causa de los trabajadores. Es necesario, como primer paso, un gobierno de los trabajadores y la nacionalización de las industrias estratégicas. Es necesario conquistar la soberanía verdadera, que enfrente al imperialismo y que nace de la liberación de los hombres y mujeres trabajadores de carne y hueso.

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