1º de Mayo: la hora de los trabajadores

1º de Mayo: la hora de los trabajadores

28.4.2012 | Estrella de la Segunda Independencia, Partido de los Trabajadores

Es nues­tro tiem­po, es nues­tra his­to­ria, es la hora de los trabajadores

La Estrella de la Segunda Independencia

nº34, chi­le, mayo 2012

El Primero de Mayo de 2012 coin­ci­de con un momen­to de asom­bro­sas y brus­cas trans­for­ma­cio­nes. ¿Qué sig­ni­fi­ca ser tra­ba­ja­dor en esta épo­ca? La res­pues­ta más fre­cuen­te es un resu­men de sus caren­cias socia­les y de sus retro­ce­sos polí­ti­cos. Pocos se detie­nen a ver cómo esa pala­bra, tra­ba­ja­dor, desig­na hoy una con­di­ción uni­ver­sal. Como un gran e impla­ca­ble igua­la­dor, el capi­ta­lis­mo crea nue­vos tra­ba­ja­do­res en todo el pla­ne­ta. En su reco­rri­do por todos los paí­ses, borra anti­guas dife­ren­cia­cio­nes, entre ofi­cios e ingre­sos, de géne­ro y del tipo de acti­vi­dad, de índo­le cul­tu­ral y nacio­nal. Nunca, en la his­to­ria moder­na, la cla­se tra­ba­ja­do­ra había sido tan nume­ro­sa como aho­ra, nun­ca había reu­ni­do a una pro­por­ción mayor de de la pobla­ción… y nun­ca antes había esta­do tan res­trin­gi­da en su par­ti­ci­pa­ción a la rique­za social, tan caren­te de dere­chos, tan sepa­ra­da del poder político.

¿qué es ser tra­ba­ja­dor hoy?

Y, como nun­ca antes, ese tér­mino, tra­ba­ja­dor, es tan dispu­tado. Quien cons­cien­te­men­te recla­ma esa con­di­ción para sí, exi­ge tam­bién la dig­ni­dad que con­fie­re el esfuer­zo y el sacri­fi­cio por la fami­lia, por crear un futu­ro en un mun­do incier­to. Pero, al mis­mo tiem­po, es la pala­bra más nega­da, silen­cia­da y des­pre­cia­da por los poderosos.

En estas cir­cuns­tan­cias, ser tra­ba­ja­dor no es sólo un esta­do eco­nó­mi­co, sino tam­bién una rei­vin­di­ca­ción moral que cho­ca en con­tra de un orden que ya no se pue­de sos­te­ner. No pue­de con­ti­nuar debi­do a la alie­na­ción res­pec­to de la huma­ni­dad que impli­ca el egoís­mo sin lími­tes de los arri­ba. Hoy, ser tra­ba­ja­dor sig­ni­fi­ca decir: “somos mejo­res”. Somos lo mejor de esta socie­dad y, sí, somos mejo­res que aque­llos que, aún, la diri­gen. Es la res­pues­ta alti­va a quie­nes ‑debi­do a su hábi­to de acu­mu­la­ción, explo­ta­ción y poder- recha­zan lo que sería nece­sa­rio y razo­na­ble, a quie­nes se rehú­san a ser como noso­tros, de actuar con res­pe­to, con soli­da­ri­dad, a quie­nes nie­gan su pro­pia humanidad.

Caen regí­me­nes y cer­te­zas per­ma­nen­tes, sur­gen for­tu­nas y poten­cias tran­si­to­rias; y quie­nes se habían arro­ga­do la exclu­si­va direc­ción de los asun­tos mun­dia­les, aho­ra miran en derre­dor, sin orien­ta­ción. Lo que, pie­dra por pie­dra, se derrum­ba es, en defi­ni­ti­va, la ideo­lo­gía que ha guia­do el mun­do en la últi­ma cen­tu­ria. Esa la edad ‑o poco más- del domi­nio del capi­ta­lis­mo des­ple­ga­do, sin barre­ras ni lími­tes, en la his­to­ria. Ellos ya no pue­den seguir como antes. Y es la hora que decla­re­mos que noso­tros no que­re­mos seguir como has­ta aho­ra. Para los tra­ba­ja­do­res, para esta con­di­ción uni­ver­sal, moral, huma­na, viva y crea­do­ra, lle­ga el momen­to de actuar.

uni­dad y fuerza

Lo pri­me­ro es com­pren­der que nues­tra acción se des­en­vuel­ve en el terreno de la lucha de cla­ses. No pode­mos per­mi­tir, en la hora cul­mi­nan­te, que nos des­víen, que nos rele­guen a los már­ge­nes. Todos los gran­des pro­ble­mas de nues­tra socie­dad, y su super­vi­ven­cia, la salud, la edu­ca­ción, el tra­ba­jo, la cul­tu­ra, el futu­ro, están cru­za­dos por la lucha entre las cla­ses fun­da­men­ta­les. Ellos o nosotros.

¿Cómo debe­mos con­du­cir­nos en esta lucha? ¿Qué cri­te­rio debe pri­mar entre noso­tros? La for­ma de actuar es la uni­dad. No tene­mos otra for­ma de actuar que de la que disponemos.

Por eso, la uni­dad no pue­de ser enten­di­da como un ambi­cio­so plan o un pro­yec­to polí­ti­co espe­cial. Se debe basar en nues­tra reali­dad con­cre­ta, en los fac­to­res que nos son comu­nes, en cómo nos rela­cio­na­mos, en las nece­si­da­des y deman­das más urgen­tes y ele­men­ta­les: vivien­da, edu­ca­ción, salud, tra­ba­jo, cul­tu­ra, recrea­ción y con­quis­tar la posi­bi­li­dad de un desa­rro­llo, de un futuro.

La uni­dad se vuel­ve en un fac­tor de la lucha de cla­ses, es decir, en un obje­ti­vo polí­ti­co, en la medi­da en que la hace­mos per­ma­nen­te, la ele­va­mos de lo coti­diano a una nor­ma de con­duc­ta gene­ral. Hoy, muchos pos­tu­lan la uni­dad polí­ti­ca y social del con­jun­to del pue­blo y enho­ra­bue­na que así sea. Pero su efi­ca­cia no depen­de de su invo­ca­ción retó­ri­ca, sino de su rela­ción con la uni­dad con­cre­ta entre los veci­nos, en la fami­lia, en el tra­ba­jo, en la escuela.

La uni­dad autén­ti­ca, útil, es aque­lla en que todas las orga­ni­za­cio­nes y ten­den­cias dejan de lado sus obje­ti­vos indi­vi­dua­les y se cen­tran la cons­truc­ción del poder de los tra­ba­ja­do­res. En todo el poder, y no una par­te. Debemos dejar atrás a quie­nes quie­ren des­viar la cons­truc­ción de la uni­dad hacia la obten­ción de cuo­tas de poder, a fines elec­to­ra­les, de subor­di­na­ción; en suma, de quie­nes pre­pa­ran nue­vas divi­sio­nes en nues­tro seno.

nue­vas organizaciones

Esto requie­re hoy de un tra­ba­jo con­cre­to de for­ta­le­cer y recu­pe­rar nues­tras orga­ni­za­cio­nes, de for­mar y pro­mo­ver nue­vos diri­gen­tes, en el plano sin­di­cal, veci­nal, estu­dian­til, etc., que se dis­tin­gan por su suje­ción a las bases y su dedi­ca­ción a los fines comu­nes de los trabajadores.

La uni­dad deman­da nue­vas orga­ni­za­cio­nes de la cla­se tra­ba­ja­do­ra. Debemos des­li­gar­nos de quie­nes bus­can poder, de quie­nes per­si­guen fines polí­ti­cos dife­ren­tes al avan­ce del con­jun­to del movi­mien­to. La lucha de los tra­ba­ja­do­res no pue­de estar suje­ta a mane­jos sec­ta­rios, a diri­gen­tes que se repre­sen­tan a ellos mis­mos, que pro­pen­den a dis­per­sar las luchas en vez de aunarlas.

Esto es par­ti­cu­lar­men­te cier­to para las orga­ni­za­cio­nes más bási­cas los tra­ba­ja­do­res. Nuestros sin­di­ca­tos sufren de un esta­do de dis­per­sión y debi­li­ta­mien­to que impi­de una defen­sa de los dere­chos más ele­men­ta­les. Sometidos a ata­du­ras lega­les, ata­ques empre­sa­ria­les y, en dema­sia­das oca­sio­nes, a la desidia de diri­gen­tes con­for­mis­tas o cóm­pli­ces, su acti­vi­dad sólo pue­de ser defen­si­va. Y el hecho con­cre­to es que la mayo­ría de los tra­ba­ja­do­res care­ce de una for­ma con­cre­ta de orga­ni­zar­se y de defenderse.

Podemos cam­biar esta situa­ción. Podemos mos­trar uni­dad y fuer­za. Podemos recu­pe­rar las orga­ni­za­cio­nes sin­di­ca­les como herra­mien­tas pode­ro­sas para la cla­se, pode­mos levan­tar una voz nacio­nal, que revi­va los pro­pó­si­tos plas­ma­dos en la decla­ra­ción de Principios de la Central Única de Trabajadores fun­da­da por Clotario Blest en 1953, orga­ni­zar “a todos los tra­ba­ja­do­res de la cui­dad y del cam­po, sin dis­tin­ción de cre­dos polí­ti­cos o reli­gio­sos, de nacio­na­li­dad, color, sexo o edad […]. Los sin­di­ca­tos son orga­nis­mos de defen­sa de los intere­ses y fines de los tra­ba­ja­do­res den­tro del sis­te­ma capi­ta­lis­ta. Pero, al mis­mo tiem­po, son orga­nis­mos de lucha cla­sis­ta que se seña­lan como meta para la eman­ci­pa­ción eco­nó­mi­ca de los mis­mos, o sea, la trans­for­ma­ción socia­lis­ta de la socie­dad, la abo­li­ción de cla­ses y la orga­ni­za­ción de la vida huma­na median­te la supre­sión del esta­do opresor.”

La for­ma con­cre­ta es hacer reali­dad, en el plano terri­to­rial, comu­nal, el obje­ti­vo de la afi­lia­ción uni­ver­sal de todos los tra­ba­ja­do­res, sin dis­tin­ción, en orga­ni­za­cio­nes comu­nes, que con­gre­guen y coor­di­nen las acti­vi­da­des sin­di­ca­les; del con­trol y la elec­ción demo­crá­ti­ca de los diri­gen­tes; de la uni­dad como base y de la soli­da­ri­dad como ley pri­me­ra de toda lucha rei­vin­di­ca­ti­va; de la incor­po­ra­ción de todas las expre­sio­nes y deman­das del pue­blo tra­ba­ja­dor, de los jubi­la­dos, de los pobla­do­res, de los estudiantes.

todo el poder a los trabajadores

Debemos avan­zar en con­jun­to. La uni­dad debe plas­mar­se en un amplio movi­mien­to que abar­que a todo el pue­blo y que refle­je la ini­cia­ti­va his­tó­ri­ca que hoy le com­pe­te a la cla­se tra­ba­ja­do­ra. Y que plan­tee una opción de de los tra­ba­ja­do­res para con­du­cir el país.

Nuestro par­ti­do hace su con­tri­bu­ción a esa cons­truc­ción, no sólo en el tra­ba­jo coti­diano, sino some­tien­do a la dis­cu­sión un pro­gra­ma que seña­le una posi­ción defi­ni­da fren­te al pro­ble­ma de cómo crear un camino por el que tran­si­te la cla­se tra­ba­ja­do­ra hacia el poder, a poder deter­mi­nar su des­tino sin tra­bas ni impo­si­cio­nes. Sostenemos que es el momen­to de pro­po­ner una for­ma para asu­mir la con­duc­ción del país.

Las tareas que enfren­ta la cla­se tra­ba­ja­do­ra son pocas, pero son arduas. Son difí­ci­les, pero son posi­bles. Son, sim­ple­men­te, cons­truir la uni­dad y la con­fian­za ple­na en nues­tras pro­pias fuer­zas: la cer­te­za de que un cam­bio real, sólo lo pode­mos rea­li­zar noso­tros mis­mos. Y eso exi­ge de tra­ba­jo, acción cons­tan­te y organización.

Ya no pode­mos seguir a la defen­si­va. Se aca­bó el tiem­po pedir cam­bios a quie­nes nos nie­gan has­ta lo más míni­mo. Ahora hay que ir por todo. Pues hoy es nues­tro tiem­po, nues­tra his­to­ria, es la hora de los tra­ba­ja­do­res. Es la épo­ca mar­ca­da por una gran meta, por una sola consigna:

¡Todo el poder a los trabajadores!

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28.4.2012
Ellos ya no pueden seguir como antes. Y es la hora que declaremos que nosotros no queremos seguir como hasta ahora. Para los trabajadores, para esta condición universal, moral, humana, viva y creadora, llega el momento de actuar. La unidad debe plasmarse en un amplio movimiento que abarque a todo el pueblo y que refleje la iniciativa histórica que hoy le compete a la clase trabajadora. Y que plantee una opción de de los trabajadores para conducir el país.

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