Paro nacional: debemos unirnos

Paro nacional: debemos unirnos

16.7.2015 | Estrella de la Segunda Independencia

Se dice que, duran­te la revo­lu­ción fran­ce­sa, la rei­na María Antonieta pre­gun­tó: “pero ¿qué es lo que tan­to recla­ma la gen­te?” Un cor­te­sano res­pon­dió: “se que­jan de que no hay pan, su majes­tad”. “¡Bah!”, excla­mó la rei­na, “¿y por qué no comen pas­tel, enton­ces?”. Esta peque­ña his­to­ria no prue­ba que María Antonieta fue­ra una ton­to­na, como muchos creen. Muestra cómo la cla­se domi­nan­te, una vez que pier­de su capa­ci­dad de diri­gir la socie­dad, entra en una espe­cie de tran­ce en que con­fun­de sus cos­tum­bres del pasa­do, sus ape­ti­tos, su corrup­ción, con una reali­dad que sim­ple­men­te les pasa por encima.

Es una lec­ción útil. Chile vive un tiem­po de deci­sio­nes. La cla­se domi­nan­te no pue­de seguir gober­nan­do como lo ha hecho has­ta aho­ra. Su régi­men polí­ti­co yace derro­ta­do. Pero pre­ten­de que sus ester­to­res sean vis­tos como una mues­tra de vita­li­dad y fuer­za. Es nece­sa­rio ter­mi­nar con el enga­ño. Hay que aca­bar con esa ago­nía que impi­de dar solu­ción a los pro­ble­mas del país. La cla­se tra­ba­ja­do­ra, el pue­blo ente­ro, debe tomar la iniciativa.

el fra­ca­so del gobierno

El gobierno ha fir­ma­do públi­ca­men­te su pro­pio cer­ti­fi­ca­do de defun­ción polí­ti­ca. El inten­to de fre­nar la cri­sis con un pro­gra­ma neo­rre­for­mis­ta ‑es decir, cam­bios para pro­te­ger al régi­men y no para satis­fa­cer nece­si­da­des sociales- ha ter­mi­na­do en una deba­cle. Ahora, el nue­vo pro­gra­ma es hacer… ¡nada! O aún peor, cree que pue­de, por decre­to, regre­sar en el tiem­po, a la vie­ja Concertación, la demo­cra­cia de los acuer­dos, “en la medi­da de lo posi­ble”. Pocas veces el deli­rio se apo­de­ra de mane­ra tan com­ple­ta del per­so­nal polí­ti­co de un país y éste pare­ce ser uno de esos casos.

La cau­sa del fin del neo­rre­for­mis­mo sería la situa­ción eco­nó­mi­ca. Pero eso equi­va­le a jus­ti­fi­car el fra­ca­so polí­ti­co del “pro­gra­ma” con la excu­sa de que éste ‑des­de un inicio- fue un puro frau­de. La ver­dad es que eso no es tan así. Sus prin­ci­pa­les pro­mo­to­res, como el ex minis­tro Alberto Arenas, habían seña­la­do ya ¡en 2012! que un futu­ro gobierno de la Nueva Mayoría enfren­ta­ría una baja en el cre­ci­mien­to. Indicaban, correc­ta­men­te, dos fac­to­res fun­da­men­ta­les: el fin del super­ci­clo del cobre y, aso­cia­do a ello, la con­clu­sión de gran­des pro­yec­tos de inver­sión mine­ra y ener­gé­ti­ca o, al con­tra­rio, su can­ce­la­ción, como Hidroaysén, de Endesa (que, como sabe­mos aho­ra, se ase­gu­ró a tra­vés de su enton­ces pre­si­den­te que todos esos ada­li­des de los “dere­chos socia­les” y de la “igual­dad” fue­ran ade­cua­da­men­te coimea­dos mien­tras refle­xio­na­ban sobre estos gra­ves asun­tos). Pero siga­mos. Además, se que­ja­ban enton­ces amar­ga­men­te de que la admi­nis­tra­ción Piñera gas­ta­ba y gas­ta­ba y que, por todo ello, sería nece­sa­ria una refor­ma tri­bu­ta­ria que alle­ga­ra “ingre­sos per­ma­nen­tes para gas­tos per­ma­nen­tes” –las “refor­mas estruc­tu­ra­les”- y redu­je­ra el défi­cit fiscal.

En este con­tex­to, no pue­den ser los sim­ples vai­ve­nes coyun­tu­ra­les de la eco­no­mía los que expli­quen el sui­ci­dio polí­ti­co del neo­rre­for­mis­mo. ¿Quizás el “chan­ta­je empre­sa­rial”? Difícil. Fueron jus­ta­men­te los gran­des gru­pos eco­nó­mi­cos loca­les y los capi­ta­les extran­je­ros los que apa­dri­na­ron a la Nueva Mayoría y su pro­gra­ma. Ya vimos que el freno a las inver­sio­nes vie­ne de antes, y que obe­de­ce a fac­to­res globales.

Hay quie­nes creen que el argu­men­to eco­nó­mi­co es un mero pre­tex­to para encu­brir un “giro con­ser­va­dor”. Sí, pero se olvi­dan que fue­ron razo­nes eco­nó­mi­cas, o sea, man­te­ner las con­di­cio­nes de domi­na­ción que per­mi­ten la con­ti­nui­dad de la super­ex­plo­ta­ción de la cla­se tra­ba­ja­do­ra y el saqueo de los recur­sos natu­ra­les, que carac­te­ri­zan al capi­ta­lis­mo depen­dien­te que rige en Chile, las que moti­va­ron el apa­ren­te “giro a la izquier­da” ini­cial del neorreformismo.

No. El pro­ble­ma no es pan o pas­tel, como creía María Antonieta. La dis­yun­ti­va de hoy es si per­mi­ti­mos que los corrup­tos, los ladro­nes, los explo­ta­do­res, pro­fun­di­cen y extien­dan su cri­sis o si el pue­blo de Chile empren­de el cam­bio que ver­da­de­ra­men­te necesita.

Ha que­da­do cla­ro que la cla­se domi­nan­te es inca­paz de diri­gir orgá­ni­ca­men­te. Carece de apo­yo acti­vo en la socie­dad y no tie­ne “repre­sen­tan­tes” de sus intere­ses, sino sólo emplea­dos, suches coimea­dos, corrom­pi­dos, pros­ti­tui­dos, inep­tos e irres­pon­sa­bles. El fin del neo­rre­for­mis­mo sólo pro­fun­di­za­rá la cri­sis y agra­va­rá los pro­ble­mas del país. Esto no pue­de continuar.

las deman­das populares

Es nece­sa­rio que los tra­ba­ja­do­res, que todo el pue­blo tome la ini­cia­ti­va ante la nega­ción de sus dere­chos y deman­das más urgen­tes: salud, tra­ba­jo, vivien­da, educación…

Las autén­ti­cas nece­si­da­des del país han sido igno­ra­das por refor­mas que no son refor­mas. En edu­ca­ción, se les da más dine­ro a los sos­te­ne­do­res, y a los pro­fe­so­res, nada, o menos de lo que ya tenían con el esta­tu­to docen­te. Los cam­bios al códi­go labo­ral bus­can que los empre­sa­rios, con un par de diri­gen­tes tru­chos de oca­sión, pac­ten jor­na­das labo­ra­les abu­si­vas para todos los tra­ba­ja­do­res, ¡y a eso lla­man “adap­ta­bi­li­dad”!; pre­ten­den que los tra­ba­ja­do­res, en caso de con­flic­to, sean sus pro­pios rom­pehuel­gas, ¡y lla­man a eso “for­ta­le­ci­mien­to de la orga­ni­za­ción sin­di­cal”! Los hos­pi­ta­les pro­me­ti­dos, que­dan para “más ade­lan­te”. Los jubi­la­dos y sus pen­sio­nes de ham­bre, tam­bién, mien­tras ya anun­cian que quie­ren dar­le más pla­ta de nues­tros sala­rios a las AFP. Las pobla­cio­nes, los pro­ble­mas de la delin­cuen­cia, del trans­por­te públi­co, las alzas de la luz, el agua, ni se tocan.

Nosotros enten­de­mos que esas rei­vin­di­ca­cio­nes desem­bo­can en obje­ti­vos mayo­res. Los hemos seña­la­do: nacio­na­li­za­ción de los recur­sos natu­ra­les y de las indus­trias estra­té­gi­cas, para que Chile no sea más un país depen­dien­te, para que deje de explo­tar y comien­ce a pro­du­cir; edu­ca­ción y salud uni­ver­sa­les y gra­tui­tas, vivien­da dig­nas para todos, por­que debe­mos for­mar a nues­tros hijos y ayu­dar a las fami­lias y a los mayo­res; la sus­ti­tu­ción de los actua­les ins­ti­tu­tos cas­tren­ses por órga­nos de defen­sa crea­dos y diri­gi­dos por el pro­pio pue­blo, para que dejen de ser entes ais­la­dos y ame­na­zan­tes, y se con­vier­tan en una autén­ti­ca pro­tec­ción de la patria; y se debe ter­mi­nar con el actual régi­men polí­ti­co corrup­to para esta­ble­cer un gobierno de los tra­ba­ja­do­res que diri­ja al país de acuer­do a nues­tras nece­si­da­des, nues­tros intere­ses, nues­tros valo­res y nues­tra moral a obten­ción de la segun­da y defi­ni­ti­va inde­pen­den­cia de nues­tra América. Esa es nues­tra posición.

hacia el paro nacional

Hoy, es la hora de fijar nues­tras pro­pias prio­ri­da­des. La expe­rien­cia de la lucha por la edu­ca­ción, de las huel­gas en el comer­cio, en el trans­por­te, en la mine­ría, en múl­ti­ples ramas de la pro­duc­ción y los ser­vi­cios, de las luchas de los pes­ca­do­res arte­sa­na­les, del paro de los pro­fe­so­res, de las movi­li­za­cio­nes de los por­tua­rios, demues­tran que las peleas ais­la­das no son sufi­cien­tes. Pero indi­can que hay volun­tad, urgen­cia y con­cien­cia de la nece­si­dad de la unidad.

Esa uni­dad debe expre­sar­se en la acción, debe basar­se en las ver­da­de­ras deman­das popu­la­res, no en fines par­ti­cu­la­res o polí­ti­cas opor­tu­nis­tas. En el actual con­tex­to, debe hacer­se valer la fuer­za de los tra­ba­ja­do­res, debe escu­char­se la voz de todo el pue­blo, en una gran movi­li­za­ción, en un paro nacio­nal que mues­tre una efec­ti­va sali­da a la crisis.

En las actua­les con­di­cio­nes, el paro nacio­nal que movi­li­ce al con­jun­to del pue­blo en los luga­res de tra­ba­jo, en las pobla­cio­nes y cen­tros de estu­dio, cons­ti­tu­ye la herra­mien­ta lógi­ca para cons­truir una autén­ti­ca camino para cons­truir una opción para la nación. No es posi­ble crear la uni­dad con meros dis­cur­sos, con ini­cia­ti­vas de diri­gen­tes, con bue­nas inten­cio­nes o elu­cu­bra­cio­nes teó­ri­cas. Sí es posi­ble actuar en común, y ganar, levan­tan­do las reales deman­das del pue­blo, demos­tran­do la fuer­za de su uni­dad, median­te la acción con­cre­ta de la movilización.

Llamamos a todas las orga­ni­za­cio­nes socia­les y polí­ti­cas que se iden­ti­fi­can con los intere­ses de los tra­ba­ja­do­res a sumar­se al tra­ba­jo de orga­ni­zar el paro nacio­nal, a ela­bo­rar una pla­ta­for­ma direc­ta y cla­ra de las deman­das más urgen­tes. El pro­ce­so de arti­cu­la­ción pue­de y debe comen­zar ya, pue­de y debe entron­car­se a ini­cia­ti­vas que ya están en desa­rro­llo, pue­de y debe impul­sar deci­sio­nes pron­tas y uni­ta­rias. No hay tiem­po que per­der. El paro nacio­nal, la movi­li­za­ción popu­lar, son herra­mien­tas irre­sis­ti­bles. Digan lo que digan, fue­ron ellas las que echa­ron aba­jo la dic­ta­du­ra de Pinochet, y no los par­ti­dos, no los polí­ti­cos que sim­ple­men­te fue­ron los bene­fi­cia­rios ile­gí­ti­mos de la lucha y del sacri­fi­cio del pueblo.

Ante la cri­sis nacio­nal, es nece­sa­rio que use­mos todos los ins­tru­men­tos de lucha; esta vez, para vencer.

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16.7.2015
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