Trabajadores ¡A luchar!

Trabajadores ¡A luchar!

30.4.2018 | Estrella de la Segunda Independencia

Los tra­ba­ja­do­res de todo el mun­do aco­me­ten el Primero de Mayo bajo nece­si­dad de luchar. Así lo impo­nen las con­di­cio­nes en que se deben des­en­vol­ver. Así lo acon­se­ja la expe­rien­cia acu­mu­la­da en las últi­mas décadas.
No hay otra for­ma. Hay que defen­der las con­quis­tas y con­ju­rar las ame­na­zas. Y hay que abrir un camino a nues­tro futuro.
Hoy, Primero de Mayo, hon­ra­mos nues­tras pre­cia­das tra­di­cio­nes, nues­tros des­fi­les, actos y fies­tas. Pero ya no tene­mos tiem­po para las peleas de siem­pre y los dis­cur­sos trillados.
Es la hora de empren­der la lucha.

Los objetivos de nuestra lucha

Según algu­nos, los obje­ti­vos de nues­tra lucha serían “una nue­va cons­ti­tu­ción demo­crá­ti­ca” y el “fin del Tribunal Constitucional”. Estas son las con­sig­nas de la CUT, y no es bro­ma. Sus diri­gen­tes, para­le­la­men­te, posan para la foto con los gre­mios empre­sa­ria­les y el gobierno de Piñera. Todos jun­tos, se decla­ran con­ten­tos por la “cáli­da y gra­ta aco­gi­da”. Otros, por su par­te, piden crear otra cen­tral sin­di­cal, pero que sea “cla­sis­ta”. Y, final­men­te, algu­nos pre­ten­den impul­sar una “ini­cia­ti­va popu­lar de ley”, como si estu­vié­ra­mos en Suiza.
No. Es nece­sa­rio defi­nir los obje­ti­vos de cual­quier orga­ni­za­ción. En lo inme­dia­to, los tra­ba­ja­do­res tene­mos que luchar y ven­cer el plan que los gran­des gru­pos eco­nó­mi­cos han enco­men­da­do al actual gobierno. Este con­sis­te en cua­tro puntos.
Primero, gol­pear el ingre­so y las pen­sio­nes de los tra­ba­ja­do­res y for­ta­le­cer las AFP. Quieren aumen­tar las coti­za­cio­nes y ele­var la edad de jubi­la­ción de las mujeres.
Segundo, bajar los impues­tos a las gran­des empresas.
Tercero, un ajus­te fis­cal que per­ju­di­ca­rá a los tra­ba­ja­do­res del Estado y a los ser­vi­cios a la población.
Cuarto, coar­tar, por dis­tin­tas vías, los dere­chos sin­di­ca­les de los trabajadores.
Quieren encu­brir este plan de mil mane­ras: el aumen­to de los des­cuen­tos del suel­do es “con car­go al emplea­dor”, la mujer va a reci­bir “un incen­ti­vo” si tra­ba­ja más años; los impues­tos sólo se van a “sim­pli­fi­car”; el ajus­te fis­cal es sólo “aus­te­ri­dad”; y en cuan­to a los sin­di­ca­tos van a actuar por vías admi­nis­tra­ti­vas y no por medio de cam­bios lega­les. ¡Espléndido, pues!
Nuestra lucha no pue­de guiar­se por las men­ti­ras de nues­tros enemi­gos, ni por las ilu­sio­nes que algu­nos siem­bran en nues­tro seno. Tiene que ser direc­ta y clara.
Por eso, el plan del capi­tal que rese­ña­mos es sólo un aspec­to inme­dia­to de nues­tra lucha. No nace de la sim­ple volun­tad de un gru­po o de un gobierno. Es la expre­sión con­cre­ta de la cri­sis del capi­tal. Es, en ese sen­ti­do, una demos­tra­ción de debi­li­dad y no de fuerza.

El caos del capital

Nuestra con­di­ción en la socie­dad está deter­mi­na­da por el orden capi­ta­lis­ta. Pero ese orden está sumi­do en un caos. Sus regí­me­nes polí­ti­cos se disuel­ven, su sis­te­ma de blo­ques inter­na­cio­na­les cobra febril vida pro­pia. No es capaz de seña­lar un camino dis­tin­to al del con­flic­to, las gue­rras y el enfren­ta­mien­to social.
Las gran­des poten­cias enfren­tan los efec­tos de su cri­sis con inter­ven­cio­nes arma­das en leja­nas lati­tu­des, como en Siria. Las gue­rras en el Medio Oriente son el refle­jo de cómo se quie­re aho­gar en san­gre las rebe­lio­nes de los pue­blos ára­bes de ini­cio de esta déca­da. En las nacio­nes indus­tria­li­za­das, se pre­ten­de fre­nar con la ame­na­za de la gue­rra la orga­ni­za­ción social y polí­ti­ca de los tra­ba­ja­do­res que no esté ali­nea­da con los regí­me­nes corruptos.

El quiebre en américa latina

Los regí­me­nes polí­ti­cos se desin­te­gran y hacen impo­si­ble el camino de refor­mas. Así ha que­da­do com­pro­ba­do en América Latina. Los gobier­nos que se supo­nían pro­gre­sis­tas o “nacio­na­les y popu­la­res” no dan paso a la dere­cha, como se dice. Al revés, lo que ocu­rre es que se rom­pe la alian­za, que sos­te­nía a esos gobier­nos, con los gran­des gru­pos eco­nó­mi­cos. En Brasil, el gol­pe que derro­có a la pre­si­den­ta Dilma Rousseff y lle­vó aho­ra al encar­ce­la­mien­to de Lula da Silva, fue con­du­ci­do por los pro­pios alia­dos de ese gobierno. O ¡qué decir de Nicaragua! Allí, el des­con­ten­to popu­lar esta­lla el uní­sono con el tér­mino del pac­to corrup­to y ver­gon­zo­so entre un gobierno indigno con las cáma­ras empre­sa­ria­les y la jerar­quía cató­li­ca. No, este “avan­ce de la dere­cha” no lle­ga muy lejos. Sólo vuel­ve más ines­ta­ble el pre­ca­rio equi­li­brio que se había esta­ble­ci­do entre las cla­ses socia­les en las últi­mas décadas.
La línea polí­ti­ca que se tra­za en toda América es la ame­na­za a las con­quis­tas de los tra­ba­ja­do­res; el inten­to de esca­mo­tear­le sus dere­chos. Pero quie­nes la impul­san care­cen de fuer­za. Es una huí­da hacia ade­lan­te. Los gobier­nos bur­gue­ses se con­sue­lan con el cálcu­lo de que, en el camino, ya apa­re­ce­rán fuer­zas polí­ti­cas dis­pues­tas a nego­ciar los intere­ses del pue­blo y dar­le res­pal­do. Eso es cier­to. En los par­la­men­tos de nues­tros paí­ses abun­dan quie­nes irán en ayu­da del capital.

La fuerza política del pueblo

Pero tam­bién deben saber que se enfren­ta­rán a la fuer­za polí­ti­ca del pue­blo. Y ese el obje­ti­vo pro­fun­do de nues­tra lucha: orga­ni­zar la fuer­za polí­ti­ca del pue­blo. La cla­se tra­ba­ja­do­ra ha hecho inva­lua­bles expe­rien­cias en las últi­mas déca­das. Ha supe­ra­do los reve­ses his­tó­ri­cos, le ha toma­do el pul­so a esta épo­ca. Ha for­ma­do líde­res y lucha­do­res nue­vos, y ha des­per­ta­do el espí­ri­tu de la juven­tud. Ha com­pro­ba­do que sólo los tra­ba­ja­do­res pue­den actuar por los tra­ba­ja­do­res. Y ha toma­do con­cien­cia de la nece­si­dad de for­jar un nue­vo camino para nues­tra patria, para la humanidad.
El obje­ti­vo hoy es cla­ro. Debemos orga­ni­zar esa fuer­za polí­ti­ca que se ha cons­trui­do en la base, lejos de los pre­cep­to­res pedan­tes y los poli­ti­que­ros habi­tua­les. Esa orga­ni­za­ción es el paso pre­vio, el fun­da­men­to, para un gobierno de los tra­ba­ja­do­res. Es la hora de luchar.

- A DEFENDER NUESTROS DERECHOS
– A GOLPEAR A LOS EMPRESARIOS SAQUEADORES,
POLÍTICOS CORRUPTOS Y “SINDICALISTAS” VENDIDOS
– A ORGANIZAR LA FUERZA POLÍTICA DEL PUEBLO

TODO EL PODER A LOS TRABAJADORES

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30.4.2018
¡A defender nuestros derechos! ¡A golpear a los empresarios saqueadores y políticos corruptos y "sindicalistas" vendidos"! ¡A organizar la fuerza política del pueblo!

Un mundo nuevo que nace

Hoy arden las calles en Atenas y en las prin­ci­pa­les ciu­da­des de Grecia. Las lla­mas son ati­za­das por un pue­blo que ya ha deja­do de lado las anti­guas pro­me­sas y los nue­vos enga­ños. El fin de la ilu­sio­nes lle­va al hom­bre a enfren­tar su reali­dad. Lo lle­va a reco­no­cer que solo no pue­de resol­ver sus pro­ble­mas, sino que debe hacer­lo como cla­se, como pue­blo, como huma­ni­dad. Ahora esta­mos en la épo­ca de la “macro­po­lí­ti­ca”. Los pue­blos se enfren­tan, no a sus des­di­chas par­ti­cu­la­res, sino a la cri­sis de un sis­te­ma mun­dial. No hay otra alter­na­ti­va. No habrá líde­res bené­vo­los, ni pla­nes fan­tás­ti­cos, ni gran­des o peque­ñas refor­mas que mejo­ren nues­tra situa­ción. Ese mun­do de las ilu­sio­nes vanas agoniza.
En el nue­vo mun­do que nace, sólo vale nues­tro esfuer­zo. Y una orien­ta­ción cla­ra y fun­da­men­tal: el poder.

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Mártires

Los sie­te tra­ba­ja­do­res en Carahue pudie­ron ser nues­tros her­ma­nos, nues­tros padres. Su muer­te nos con­mue­ve y nos recuer­da cómo, en esta socie­dad, la con­di­ción huma­na es redu­ci­da a un obje­to, de mayor o menor uti­li­dad. En el caso de estos hom­bres, ser­vían para sal­var las ganan­cias de la fores­tal Mininco, ence­rra­das en tron­cos y ramas.

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De Ayacucho a Santa Clara

Nosotros, los tra­ba­ja­do­res, esta­mos habi­tua­dos a levan­tar­nos una y otra vez tras derro­tas suce­si­vas e inter­mi­na­bles, y comen­zar de nue­vo. La expe­rien­cia extraí­da de los reve­ses, con­tra­rio a la sabi­du­ría con­ven­cio­nal, encie­rra esca­sa uti­li­dad. Pero esas glo­rias de Ayacucho y Santa Clara, esa afir­ma­ción de la vida, de lo nue­vo, con­tie­nen las ense­ñan­zas indis­pen­sa­bles sobre la posi­bi­li­dad y el sen­ti­do de nues­tra victoria.

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¡A pasar a la ofensiva!

¿Qué mani­fies­tan estos hechos? Son epi­so­dios pasa­je­ros, pero ocu­rren con cada vez mayor fre­cuen­cia e inten­si­dad, en todo el mun­do. Frente al debi­li­ta­mien­to de los regí­me­nes que le daban sus­ten­to polí­ti­co, la cla­se capi­ta­lis­ta asu­me una posi­ción defen­si­va. Es la deca­den­cia de un sis­te­ma ente­ro. Los tra­ba­ja­do­res tam­bién bus­can defen­der­se. Como con­se­cuen­cia se for­ma una espe­cie de “tie­rra de nadie”. Las dos cla­ses fun­da­men­ta­les de la socie­dad se obser­van, reple­ga­das, y espe­ran quién será el pri­me­ro en arries­gar­lo todo y dar el sal­to. Los capi­ta­lis­tas sien­ten que care­cen de las fuer­zas nece­sa­rias para ocu­par hoy ese espa­cio vacío. 

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